
De asistente de Paul Kosok a ciudadana peruana, la investigadora logró que la Unesco reconociera nuestras líneas como un tesoro mundial único.
Hoy se conmemora el nacimiento de María Reiche Neumann, la matemática y física alemana que transformó la comprensión sobre el pasado andino. Ya que después de llegar al Perú, su destino cambió en 1941 al conocer a Paul Kosok. Pues desde ese momento, Reiche se volcó al estudio de las líneas de Nazca, ganándo el apelativo de “La dama del desierto”.
Su mayor aporte científico fue proponer que los geoglifos constituían un gigantesco calendario solar y lunar, utilizado por la civilización Nasca para registrar ciclos astronómicos y agrícolas. Con una precisión geométrica asombrosa, Reiche midió y mapeó cada trazo, publicando sus hallazgos en su obra «El misterio de las pampas», permitiendo que el mundo las reconociera como un logro artístico y técnico.
María fue la principal impulsora de la conservación del sitio ante la indiferencia de las autoridades de la época y la amenaza de la construcción de la carretera Panamericana, puesto que ella misma financió la vigilancia del desierto, contratando seguridad y realizando campañas de educación para evitar que el tránsito de personas y vehículos borren las líneas, logrando que el Estado peruano finalmente cercara legalmente el área.
Así, gracias a sus décadas de sacrificio personal, la Unesco inscribió a las Líneas y Geoglifos de Nasca y Palpa en la Lista de Patrimonio Mundial en 1994. Pero en 1998, María fallecería habiendo recibido las máximas condecoraciones como la Orden El Sol del Perú y la ciudadanía peruana. Su legado no sigue vivo solo en los libros, sino en cada surco de la pampa que hoy permanece intacto gracias a la mujer que, armada con una escoba y una cinta métrica, defendió nuestra historia.
Fecha: 15/05/26
Fuente: Agencia Andina
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