
La instauración del Santo Oficio en Lima transformó la vida colonial, imponiendo controles religiosos y sociales que dejaron huella en la historia del Perú.
El 9 de enero de 1570 llegó a Lima la orden real que instauró oficialmente la Inquisición en el Perú colonial, bajo el reinado de Felipe II y durante el gobierno del virrey Francisco de Toledo. Con ello se estableció el Tribunal del Santo Oficio en la capital del virreinato, convirtiéndose en una filial del Consejo de la Suprema y General Inquisición española.
Los primeros inquisidores designados fueron el licenciado Serván de Cerezuela y el doctor Andrés de Bustamante, aunque este último falleció en el viaje hacia Lima, quedando Cerezuela a cargo de las primeras acciones. El tribunal comenzó a funcionar en un local alquilado frente a la Iglesia de la Merced, en el actual jirón de la Unión, y más tarde se trasladó a la casa de Nicolás de Rivera el Mozo, donde operó hasta su abolición en el siglo XIX.
La llegada de la Inquisición significó la implantación de un sistema de control religioso y social que buscaba preservar la ortodoxia católica en los territorios coloniales. Sus procesos se dirigieron principalmente contra españoles y criollos acusados de herejía, blasfemia o prácticas consideradas contrarias a la fe, mientras que los indígenas quedaban fuera de su jurisdicción.
Más allá de su carácter represivo, la instauración del Santo Oficio en Lima reflejó la importancia que la Corona otorgaba a la religión como instrumento de cohesión política y cultural en el virreinato. Durante más de dos siglos, el tribunal se convirtió en un actor central de la vida colonial, influyendo en la educación, la moral pública y la censura de ideas.
Fuente: Bitácora / 09/ 01/ 2026
Gracias tu mensaje ha sido enviado.
Te contacteremos a la brevedad posible.
Déjanos tus datos y nosotros te contactaremos. Los campos son obligatorios.