
Por: Max Rodríguez
Dedicarse al arte, principalmente aquí en el valle del Mantaro, no es tan bien remunerado, Pedro González lo tuvo en cuenta desde el momento en el que su padre se lo advirtió. «Por favor, no quiero que estudies arte, porque te vas a morir de hambre», le dijo. Pero la vocación le ganó a la serenidad y Pedro tuvo que inventar su propia realidad.

Conformó, a los 18 años, la asociación de artesanos Kamaq Maki (manos creadoras), desde la cual pudo conocer la situación de más de 300 familias de Yauyos, Junín y Huancavelica dedicadas a este rubro, encontrando en ellas una motivación más para promover la cultura en sus diferentes manifestaciones.
El arte de la imaginería la aprendió a una edad temprana, en la casa de su abuelo Abilio González, siendo este el taller de imaginería de la familia, era muy fácil sentirse atraído por el color, las máscaras, las pastas. «Era tan llamativo que yo me quedaba embobado. Desde el principio siempre mi abuelo me decía, “por favor estos trabajos no son para jugar”, pero en un pequeño descuido de mi abuelo, yo metía el dedo para tocar esa magia del arte».

La prohibición de su abuelo le sirvió para entender que se trataban de piezas valiosas, y de forma rápida se convirtió, junto con uno de sus hermanos, en asistente del taller. «A veces pienso que ya nací con el arte», reconoce Pedro. Pues al poco tiempo, con 6 o 7 años, empezó a realizar sus propios trabajos.
Pedro tiene en sus manos un cuaderno, el cual muestra con especial emoción, aquí «hago bosquejos de (la escultura) que voy a hacer, qué medidas van a tener […] proporciones, elementos, formas, distribución de espacios», comenta. Las líneas son refinadas y los dibujos están llenos de detalles, esta es la primera de las técnicas artísticas que él aplica en su proceso de creación.

Continúa escogiendo el principal soporte sobre el que hará su escultura, la madera del maguey es el material predeterminado, por la porosidad y soltura que posee. Aplica el tallado con maestría para luego seguir con el modelado. Cabezas, manos y otros elementos en miniatura son elaborados en pasta de yeso, y posteriormente incorporados a la figura principal de madera.
El siguiente paso es el drapeado, arte que hace énfasis en generar volumen a través de los pliegues en la tela encolada, para darle movimiento y veracidad a la figura. Finalmente, y contando cinco técnicas, Pedro incorpora el color a su obra, pinturas naturales a base de ocre y pegamento que le dan el acabado final a su trabajo.
Para Pedro González ha sido complicado dedicarse al arte, «pero yo como nieto mayor tengo ese compromiso y ese encargo de mi abuelo de seguir con el arte de la familia para que no se extinga», fue así que participó en innumerables exposiciones artísticas a nivel nacional e internacional, ganando el reconocimiento que merece, es por ello que sus obras no son muy requeridas en Huancayo.
El maestro Pedro, de 66 años, lamenta que Huancayo no valore a sus artistas y comparte un anhelo que puede ayudar a superar esa brecha: «Yo apuesto por un museo de arte popular en el valle, que sería la mejor forma de empezar a valorar (el arte local)». En todo este tiempo no se ha hecho nada por reivindicar al arte, pese a poseer 23 líneas artesanales en el valle y no entender qué es lo más valioso que tenemos como sociedad.

DATOS:
Podemos apreciar y adquirir las obras de Pedro Gonzáles en la calle Inca Ripac N.º 855, El Tambo.También podemos adquirirlas en la feria de Ruraq Maki en Lima, y en tiendas especializadas como Las Pallas en Barranco.
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