
Varias familias llegaron con banderas y camisetas de la bicolor para cantar, bailar y tararear al unísono “Perú, Perú, Perú”, algunos se animaron a bajar de sus autos y camionetas para ingresar a la plaza mayor sin importarles la lluvia.

Romira e Ingrit vieron y celebraban el triunfo de la selección en el centro histórico y tras una apuesta que ganó una de ellas, decidieron ingresar a la pileta aprovechando que en ese momento no se hallaban miembros de seguridad, luego aprovecharon para bailar.
Mientras ellas iban con sus amigos, otras familias llegaban al pie del templo de la Compañía de Jesús para cantar y seguir la celebración que ya en sus casas había comenzado, de esta fiebre se contagiaron turistas norteamericanos y europeos. Entre esos grupos hubo italianos que destacaron el juego de Gianluca Lapadula.
De no ser por la lluvia persistente la plaza de Armas pudo haberse llenado de gente, sin embargo, en restaurantes y restobares se ofreció la fiesta con pantallas gigantes y música. Afortunadamente no hubo descontrol, ya que policías y miembros de seguridad ciudadana garantizaron el orden.
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