
Una de las consecuencias más críticas del conflicto entre Rusia y Ucrania es la crisis de los precios de los alimentos, que pone en tela de juicio la disponibilidad de trigo y otros alimentos básicos, señaló la directora gerente de Políticas de Desarrollo y Alianzas del Banco Mundial (BM), Mari Elka Pangestu.
Consideró que no se puede restar importancia al efecto que la guerra tuvo en los sistemas alimentarios, ya frágiles por los dos años de alteraciones ocasionadas por el covid-19, los fenómenos climáticos extremos, las devaluaciones monetarias y el empeoramiento de las restricciones fiscales.
Los precios de los alimentos a escalas local y mundial ya estaban cerca de máximos históricos antes de la guerra, y un gran signo de interrogación se cierne sobre las cosechas de las próximas temporadas en todo el mundo, debido al fuerte aumento de los precios de los fertilizantes, señal informe publicado hoy en el Diario El Peruano.

“Por muy preocupantes que sean estas tendencias, no es momento de sentir pánico. He aquí un hecho que puede sorprenderle: las existencias mundiales de arroz, trigo y maíz —los tres principales alimentos básicos del mundo— siguen siendo históricamente altas”, asegura la economista en una publicación del BM.
En el caso del trigo, el producto básico más afectado por la guerra, las existencias se mantienen muy por encima de los niveles durante la crisis de los precios de los alimentos de 2007-2008. Las estimaciones indican también que alrededor de tres cuartas partes de las exportaciones rusas y ucranianas de trigo ya se habían entregado antes del inicio de la guerra.
Gestionar la volatilidad de los precios de los alimentos y salir de esta nueva crisis dependen de las políticas nacionales y de la cooperación mundial.
“Desafortunadamente, esta no es la primera vez que enfrentamos una crisis alimentaria. Recuerdo las lecciones aprendidas durante la crisis mundial de los alimentos de 2007-2008, que tuvo su origen en la sequía y el aumento de los precios del petróleo. Cuando los grandes países productores, preocupados por el abastecimiento interno de alimentos, restringieron las exportaciones, esto agravó los aumentos de los precios y empeoró la malnutrición, particularmente en los niños”, comentó.
Advirtió que no debemos cometer el mismo error. En cambio, al principio de la pandemia del covid-19, los países siguieron vendiendo productos alimenticios a pesar de que los confinamientos afectaron a los puertos, el transporte de carga y la movilidad de los trabajadores. Este comportamiento cooperativo ayudó a limitar las interrupciones en las cadenas mundiales de suministro de alimentos y evitó que la situación empeorara, beneficiándose así todos los países.
Apoyo a los productores
–Apoyar a los agricultores. Si bien las existencias mundiales de alimentos son adecuadas ahora, debemos proteger las cosechas de la próxima temporada ayudando a los productores de alimentos a enfrentar un marcado aumento de los insumos, incluidos los costos de los fertilizantes y la menor disponibilidad de estos insumos.
Medidas como eliminar los obstáculos al comercio de insumos, poner mayor hincapié en el uso más eficiente de los fertilizantes, y reorientar las políticas públicas y el gasto para dar un mejor apoyo a los agricultores podrían ayudar a proteger la producción de alimentos dentro de seis meses.
– Es hora de invertir más en investigación y desarrollo en esta área. Ampliar la ciencia incipiente y la aplicación de biofertilizantes, que dependen menos de los combustibles fósiles que los fertilizantes sintéticos, aumentaría las alternativas sostenibles para los agricultores.
Aun cuando respondamos a las necesidades inmediatas, debemos trabajar para transformar los sistemas alimentarios.
El objetivo es que sean más resilientes y lograr una seguridad alimentaria y nutricional que perdure en el tiempo.
De acuerdo con el BM, la inseguridad alimentaria aguda iba en aumento en muchos países, como consecuencia de las crisis económicas, los múltiples conflictos, una sequía histórica en África oriental y una plaga extrema de langostas.

Apoyo financiero
Tan solo en los últimos dos años, el BM proporcionó un apoyo significativo para medidas de seguridad alimentaria, alrededor de 17,000 millones de dólares anuales, frente a los 12,000 millones anuales en promedio en los tres ejercicios anteriores, principalmente para iniciativas agrícolas y de protección social.
Pangestu detalló que también ayudó a los países a responder de manera temprana a las nuevas crisis de seguridad alimentaria, por ejemplo, movilizando asistencia del Servicio de Respuesta ante las Crisis (SRC) de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), que abarca financiamiento otorgado tempranamente, y trabajando con asociados humanitarios para hacer un seguimiento de la inseguridad alimentaria.
Es crucial mantener el rumbo y ayudar a los países en desarrollo a retomar el camino de la recuperación.
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