

Esta festividad católica se remonta a los inicios de la evangelización con la conquista española y adquirió en las diversas regiones un sentido de identidad y protección, teniendo a la imagen de la cruz y del propio Jesús como símbolos máximos de la fe y la devoción de los pueblos hacia Dios y su hijo el redentor.
La Festividad de la Santísima Cruz de Mayo, en la provincia de Huancané, constituye una celebración que ha mantenido su vigencia por el profundo y complejo significado de devoción religiosa a la imagen de la Cruz y al espacio con el que esta se relaciona, así como por ser emblema de su cosmovisión e identidad.

Esta celebración es resultado del sincretismo entre la religión católica y la cultura aimara. Coincide con el fin de la época de lluvias y la floración de los campos de cultivo, lo cual constituye un momento importante para las poblaciones que basan su economía y subsistencia en la agricultura.
Según la tradición oral, esta festividad se inició a partir del descubrimiento por parte de un campesino de Huancané, de lo que parecía ser una cruz enterrada, muy cerca de las faldas del cerro Poccopaca, lugar considerado sagrado por los habitantes desde épocas prehispánicas.

Al convocar a los vecinos, ellos confirmaron este hallazgo al que consideraron milagroso, por lo que procedieron a desenterrar la cruz y rendirle culto. Actualmente participan unas 20 cruces, las cuales son custodiadas por los llamados “alferados”, personas voluntarias encargadas de protegerlas, adornarlas con mantos y flores, encabezar las actividades de veneración y atender a los devotos.
Esta festividad fue declarada como Patrimonio Cultural de la Nación, el 2 de setiembre de 2015, por el Ministerio de Cultura.
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