
Por: Jacqueline Riveros M.
Para comenzar, Huancayo denominado (en quechua Wankayuq), según el historiador peruano Waldemar Espinoza, durante (ca. 1000-1460 d.C.) era un territorio ocupado por el grupo étnico huanca, un poderoso «reino» que enfrentó heroicamente a las tropas incaicas, hasta que cayó Siquillapucara, su «ciudad capital». Ante ello, los monarcas huancas, desposeídos de sus privilegios fueron reducidos a súbditos del Tahuantinsuyu, alimentando un odio profundo contra los incas. Así, cuando se enteraron de la captura de Atahuallpa en Cajamarca, sus principales curacas enviaron a Francisco Pizarro numerosos presentes y un «mensaje de alianza y obediencia» con el objetivo de recobrar su libertad y destruir al estado inca.
Según la investigación de Espinoza existe informaciones de entre las décadas de 1550 y 1565 que proporcionarían datos pormenorizados del apoyo que los antepasados nobles indígenas habrían brindado a los españoles durante la conquista. De esa forma, la corona premió la lealtad que mostraron los habitantes de esa zona. Sin embargo, esta lealtad tuvo su fin en el siglo XIX ya que la ciudad de Huancayo participó activamente en la lucha independentista.
En los años siguientes de la conquista española, durante el reinado del rey de España, Felipe II, la monarquía española se caracterizaba por la exploración global y la expansión territorial a través de los océanos Atlántico y Pacífico, llegando a ser la primera potencia de Europa, alcanzando su apogeo como un imperio que integraba territorios de todos los continentes habitados.
En el año 1564 el Rey Felipe II otorga a los huancas, por su lealtad, el Escudo de la Gran Nación Wanka, mediante una Real Cédula, firmada en Barcelona el 18 de marzo. Se dice que fue solicitado por Felipe Guacrapaucar (huanca noble de la región de San Jerónimo), quien viajó a España en 1562.

Ya entre 1570 a 1575 durante el gobierno del virrey Francisco de Toledo en el Perú, este reglamentó la mita y los servicios personales de los indios y dispuso su congregación en reducciones o pueblos de planta cuadricular. Dictó ordenanzas para el buen gobierno de las ciudades, para la recaudación de los tributos. Además, convirtió a Huancayo en un centro de encomienda de los ayllus distribuidos a su alrededor. La ciudad se formó alrededor del camino inca, en la actualidad la calle Real, debido a su ubicación, hoy es el principal centro de organización de Huancayo.
Más tarde el virrey Toledo nombra visitador de Jauja y Huamanga a Don Jerónimo Silva, personaje importante en la fundación de Huancayo. Como antecedente, Silva anteriormente fue conocido por solicitar al rey el “buen gobierno” del Perú, al proponer respetar y asimilar la tradición administrativa Inca, dando más potestades a los curacas y reduciéndoselas a los corregidores inhábiles, para quienes pide destierro.

Ya en 1572 Huancayo, el 1 de junio es fundada como «Pueblo de Indios» por Don Jerónimo Silva y bajo la advocación de la «Santísima Trinidad» o «Taita Padre», siendo la ciudad más importante de la sierra.
Se conoce a la denominación de «Pueblo de Indios», a aquellos asentamientos de indígenas que existieron durante la evangelización española de América. Se idearon con el fin de realizar un cobro más eficiente de los tributos, para instruir en el cristianismo a la población y para otorgarle a esta un trabajo. Una suerte de municipio indígena.
Huancayo pasó a llamarse “Santísima Trinidad de Huancayo”, adoptó como devoción a la Santísima Trinidad, la trilogía patronal -Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Actualmente Huancayo, es la ciudad más importante de la Sierra central del Perú y la octava más poblada del Perú. Constituye un enorme potencial comercial y cultural del país, y se atribuye a su conocido nombre de “Ciudad Incontrastable”.
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