
Con una voz calmada y paciente, Cornelio cuenta el arduo trabajo que existe tras unas pantu-flas, tapetes, abrigos u otros. Una labor que requiere dedicación y que justamente por eso, siente que es el último bastión para un arte tradicional que encanta a muchos, pero interesa a pocos.
Nacido en el distrito de Conayca, hace 73 años, Cornelio Ñahuin Arias decide mostrar de la forma más amable, que me ha tocado apreciar en un artesano, el taller donde elaborará sus úl-timos trabajos, pues tras 57 años dedicados a la peletería, arte de transformar pieles en prendas o adornos utilitarios de calidad, siente que el retiro está a un par de años.

Desde muy joven, Cornelio se acostumbró a trabajar, no tanto por el dinero, sino por el deseo de hacer y aprender. Fue así que, al radicar en Huancayo a sus 16 años, conoció al maestro del que solo recuerda su nombre, don Eusebio, quien le dio un puesto de trabajo en su taller de peletería, donde el pago, aunque austero, no se hacían extrañar los banquetes; y eso era más que suficiente para el señor Ñahuin.
Se convirtió en aprendiz, junto con su colega, Máximo Zegarra, quien falleció hace poco. “Únicamente con él, sí hemos competido mano a mano”, menciona don Cornelio, recordando a su laborioso amigo.
Tras dos años en el taller de don Eusebio, el maestro Ñahuin decidió abrir su propio negocio. Empezó poco a poco, consiguiendo pieles, pellejos para trabajarlos y transformarlos en tapetes, cuadros, abrigos, pantuflas o tapices; pues aprendió que lo principal es hacer el molde, el dise-ño, que puede tardar hasta un día entero en elaborarse.
Con el tiempo, Cornelio se esmeró por mejorar y recibió capacitaciones para tratar mejor las pieles de alpaca, carnero y conejo, para darles mejor acabado y convertirlas en un trabajo de mayor calidad. Fue así que, aprendió la técnica del cromado, un proceso donde se exponen las pieles a combinaciones químicas para darles más resistencia, manejabilidad y limpieza.
Así fue adquiriendo maestría en este arte, siendo reconocido por el estado como Maestro Arte-sano, entre otros títulos regionales por parte de municipalidades. Aunque no pasan de ser solo títulos que no cambian su estilo de vida, está contento con mostrar este llamativo arte que a muchos les interesa, pero pocos deciden dedicarse de lleno.
“Aquí han venido (a aprender), pero parece que no les nace. No les ha gustado por la demora en la piel curtida”, cuenta Cornelio, al reconocer que puede tardarse hasta un mes, desde que consigue las pieles frescas, hasta que termina de coser las piezas para ser usadas.
Cornelio ha entendido que este es un arte muy sacrificado, pues no tiene horario de trabajo, “a veces me levanto a las 6 a.m. y termino a las 7 u 8 de la noche”, incluso ahora, luego de tantos años ya siente los estragos de trabajar con los químicos y el agua donde sumerge las pieles, ex-poniéndolas a temperaturas altas.

“A lo más yo veo un par de años más para trabajar, porque me siento un poco mal de los dedos, con agua caliente, con agua fría, a veces incomoda, afecta”, menciona el maestro.
Sus hijos le confesaron hace mucho, que no se dedicarán a la artesanía, incluso le han pedido que ya descanse, porque ya les dio lo que necesitaban, sus carreras profesionales; y es ahora, después de tanto que le ha entregado al arte, que empieza a tomar esta idea con seriedad.
Dato
Pueden visitar el taller de Don Eusebio en el Jr. Castilla 372 – Chilca, a dos cuadras del museo de la memoria, Yalpana Wasi.
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