
Conoce en qué casos se recomiendan realmente y por qué no deben sustituir una alimentación equilibrada.
El boom de los suplementos alimenticios ha tomado fuerza en los últimos años, impulsado por tendencias de salud, fitness y bienestar en redes sociales. Multivitamínicos, colágeno, omega 3, creatina, entre otros, forman parte del día a día de miles de personas que buscan mejorar su energía, rendimiento físico o apariencia. Sin embargo, expertos advierten que este consumo —cuando no está supervisado por profesionales— puede ser más riesgoso que beneficioso.
Uno de los principales problemas es la automedicación. Muchas personas toman suplementos por recomendación de influencers o sin tener deficiencias comprobadas, lo que puede llevar a excesos peligrosos, como hipervitaminosis o alteraciones metabólicas. Además, al no tratarse de medicamentos, estos productos suelen tener menos controles en su fabricación, y pueden contener ingredientes no declarados o en dosis poco seguras.
Los suplementos sí pueden ser útiles, pero en contextos específicos: personas con carencias nutricionales diagnosticadas, deportistas de alto rendimiento, embarazadas o adultos mayores con necesidades puntuales. La clave está en la evaluación profesional previa. Los médicos y nutricionistas recuerdan que ningún suplemento puede reemplazar a una dieta balanceada ni suplir malos hábitos de vida.
La cultura del suplemento ha convertido al bienestar en una industria millonaria, pero también ha generado mitos que ponen en riesgo la salud. Antes de consumir cualquier producto, es vital informarse, consultar con especialistas y priorizar una nutrición consciente. La salud no se construye solo con cápsulas, sino con decisiones responsables y sostenibles en el tiempo.
Fuente: Infobae / 08/07/2025
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