
Cinco vidas peruanas se apagaron en el atentado del 11-S, pero su recuerdo permanece encendido en cada acto de homenaje, en cada nombre pronunciado, y en cada familia que convirtió el duelo en memoria.
El 11 de septiembre de 2001, el mundo presenció en vivo el colapso de las Torres Gemelas tras el ataque terrorista más letal en la historia de Estados Unidos. Entre las casi 3.000 víctimas, cinco peruanos perdieron la vida en el World Trade Center: Kenneth Lira Arévalo, Iván Carpio Bautista, Julio Fernández Ramírez, Luis Revilla Meier y Roberto Martínez Escanel. Todos trabajaban en oficinas ubicadas en los pisos superiores. Sus nombres, aunque poco conocidos en el país, están inscritos en el memorial de la Zona Cero y en una placa conmemorativa en el Consulado del Perú en Nueva York.
Kenneth Lira tenía 28 años y trabajaba en el piso 107 de la Torre Sur. Había emigrado con su familia y estudiado ingeniería de sistemas. Aquella mañana salió rumbo a su oficina en Genuity Networking Communications sin saber que sería su último día. Iván Carpio, por su parte, cumplía 24 años ese mismo día. Logró llamar a su tía desde la Torre Norte para avisar que intentaría evacuar. No lo consiguió. Su familia recuerda esa llamada como una despedida involuntaria que quedó grabada para siempre.
Julio Fernández, Luis Revilla y Roberto Martínez también trabajaban en el complejo financiero. Aunque sus historias no fueron tan difundidas, sus familias han mantenido viva su memoria en silencio, participando en ceremonias cada año. En 2021, se incorporó oficialmente el nombre de una sexta víctima peruana, Giovanna Porras, tras una revisión de registros consulares.
Cada 11 de septiembre, sus nombres son leídos en voz alta durante la ceremonia oficial en Nueva York. El “Tributo de Luz”, dos haces verticales que iluminan el cielo donde estaban las torres, se enciende también por ellos. No fueron figuras públicas ni protagonistas de titulares, pero sus vidas reflejan los sueños de miles de peruanos que buscan oportunidades lejos de casa. A 24 años del atentado, sus historias siguen siendo parte de una memoria que no se borra.
BITÁCORA / 11/09/2025
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