
Lo que hoy muchos consideran ruido de fondo nació como un invento revolucionario que cambió la forma de transmitir información y hasta inspiró al streaming moderno.
En 1922, George Owen Squier, un general del Ejército de EE.UU., sorprendió al mundo con una idea que parecía futurista: aprovechar los cables eléctricos para transmitir música de manera continua a hogares y espacios públicos. Aunque la radio apenas daba sus primeros pasos, Squier ya había desarrollado un sistema de multiplexación que permitía enviar múltiples señales por un mismo cable. Su propuesta sentó las bases de lo que luego sería conocido como Muzak, un servicio que llevaría música a millones de personas y que, sin saberlo, anticipó la lógica del streaming actual.
La “música de mobiliario” no surgió de la nada. Años antes, el compositor francés Erik Satie había experimentado con piezas pensadas para formar parte del ambiente, sin imponerse ni distraer. Esa visión inspiró el concepto de música de fondo que Squier transformó en realidad con ayuda de la tecnología. En los años 30, la compañía Muzak contrató orquestas para grabar selecciones exclusivas y pronto se instaló en fábricas, hoteles, ascensores y hasta en la Casa Blanca, donde Dwight Eisenhower la adoptó en 1953 como parte del día a día presidencial.
Sin embargo, la omnipresencia de la música ambiental no estuvo exenta de críticas. Para muchos, las melodías suaves y repetitivas eran una forma de manipulación laboral bajo la excusa de mejorar la productividad. En los años 80, figuras como el rockero Ted Nugent llegaron a calificarla de “fuerza maligna”, ofreciendo millones de dólares para desaparecer la compañía. Al mismo tiempo, surgieron movimientos como Pipedown, que reclamaban el derecho al silencio frente a lo que consideraban contaminación sonora impuesta en espacios públicos.
Aun así, el legado de Squier perduró más allá del rechazo cultural. Su innovación tecnológica abrió el camino a la televisión por cable, la fibra óptica y, en esencia, al modelo actual de distribución digital de contenidos. Hoy, aunque el término muzak se asocia a lo anodino, la música de fondo sigue presente en supermercados, aeropuertos y plataformas de streaming, bajo la forma de playlists diseñadas para acompañar cada momento del día.
En definitiva, lo que nació como un experimento militar para mejorar las comunicaciones terminó convirtiéndose en una de las transformaciones más curiosas de la cultura moderna: un sonido que, nos guste o no, ha acompañado silenciosamente la vida cotidiana de generaciones enteras.
Fuente: BBC / 15/08/2025
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