
Hoy, en la Europa de 1622, nace Jean-Baptiste Poquelin, conocido como Molière, poeta, actor y dramaturgo francés que encontró en la comedia y la sátira una forma de observar y criticar la sociedad de su tiempo.
Su obra lo convierte en uno de los mayores exponentes de la comedia universal y en la figura central de teatro clásico francés. En un momento en que el poder se concentraba en el rey y las élites, mientras la burguesía buscaba ascender socialmente y la Iglesia ejercía una fuerte influencia, se consolida la obra de Molière, que logra ocupar un lugar importante a través de la comedia. En ella, el autor ridiculiza a personajes autoritarios que abusan de su poder, retrata a la burguesía y su obsesión por el reconocimiento social, y expone los intereses de quienes aparentan virtud.

Su obra se caracteriza por un lenguaje sencillo, con abundante la crítica social a la avaricia, la hipocresía, el moralismo y el abuso de poder, con personajes fácilmente reconocibles. Asimismo, retrata la vida cotidiana de su época.
La obra de Molière renovó la comedia, convirtiéndola en una herramienta crítica. Asimismo, integró elementos de la commedia dell’arte y del teatro clásico francés, elevando la comedia al nivel artístico de la tragedia.
Su influencia en el teatro moderno se mantiene hasta hoy, tanto en Europa como en otras regiones. Entre sus obras sobresalen, Tartufo, el Avaro, el misántropo y el enfermo imaginario.
Molière murió 1673, en escena al desmayarse en la representación de “El Enfermo Imaginario”. Su legado continua vigente alrededor del mundo como sinónimo de teatro crítico, humano e inteligente.
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