
Las muestras traídas desde el espacio revelan a Bennu un asteroide poroso y agrietado que desafía lo que creíamos saber. El hallazgo abre una ventana a los orígenes del sistema solar.
Cuando la nave OSIRIS-REx de la NASA tocó la superficie del asteroide Bennu y recogió aquellas muestras, los científicos esperaban confirmar lo que ya intuían pero Bennu, como suele pasar con los viajeros antiguos, guardaba sorpresas. Un análisis reciente de esas rocas, publicada en Nature Communications, muestra que el interior del asteroide es mucho más frágil y poroso de lo que se pensaba; está lleno de grietas, como si escondiera una red de pequeñas cavernas.
Al examinar las muestras en laboratorios de la Universidad de Arizona, el centro espacial Johnson y la Universidad de Nagoya, los investigadores han podido mirar por primera vez el interior real de un asteroide de este tipo.
Y lo que vieron es una estructura llena de espacios vacíos, con grietas que probablemente se formaron por golpes de otros objetos en el espacio o por los cambios brutales de temperatura al pasar cerca del Sol.
Saber cómo es Bennu por dentro ayuda a entender cómo se formaron estos cuerpos en los primeros millones de años del sistema solar; también explica por qué el asteroide absorbe y emite calor de manera tan particular, algo clave para predecir su comportamiento si algún día su órbita se acerca demasiado a la Tierra.
La NASA ha conservado el 70% de las muestras para que futuras generaciones de científicos, con tecnologías que aún no existen, puedan seguir haciéndole preguntas al pasado. Por ahora, Bennu nos ha enseñado que la fragilidad también es parte de la historia, que los asteroides no son simples rocas muertas, sino mundos diminutos con grietas por donde asoma el origen de todo.
Fecha: 19/03/2026
Fuente: Infobae
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