
Antoine de Saint-Exupéry exiliado y roto por la segunda guerra mundial, dibujó a un niño rubio en las servilletas de un restaurante neoyorkino, así comenzó la historia más hermosa jamás escrita desde la soledad.
Fue en un departamento con vista al Central Park de Nueva York, allá por 1942, cuando Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) dio vida a El Principito. La idea no fue suya del todo pues Elizabeth Reynal, esposa de su editor, notó por primera vez aquellos dibujos recurrentes de un niño rubio con bufanda que el aviador francés trazaba en cualquier servilleta o papel, y lo animó a convertirlos en un libro para distraerse del horror de la guerra.
Esa misma noche, el ex aviador frances escribió la frase que lo cambiaría todo: “Cuando yo tenía seis años vi una lámina magnífica en un libro sobre el Bosque Virgen”. En apenas tres meses, y sin formación artística formal, el entonces exiliado inventó la historia de un aviador perdido en el desierto y un pequeño príncipe llegado del asteroide B-612, todo plasmado en un manuscrito de 125 páginas, lleno de 40 acuarelas propias, fue entregado a su amiga Sylvia Hamilton antes de su partida definitiva.
Aunque no todo era luz en aquel milagro creativo, ya que Saint-Exupéry vivía entonces exiliado por la ocupación nazi de Francia, sumido en una profunda depresión y lidiando con adicciones provocadas por sus antiguos accidentes aéreos. Además, se enfrentaba a duras disputas con otros exiliados franceses porque algunos lo acusaron incluso de traición por desconfiar del general De Gaulle.
Hoy, con más de 200 millones de ejemplares vendidos en 200 idiomas, El Principito es uno de los cinco libros más leídos de toda la historia; su narrativa sencilla y profunda sigue hablando de amistad, soledad y de lo esencial que como bien dijo el zorro, es invisible a los ojos.
Fecha: 06/04/2026
Fuente: Infobae
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