
Una reciente columna de Eduardo González Viaña rescata las leyendas del litoral norte y muestra cómo esas figuras míticas vuelven a habitar la imaginación colectiva, ofreciendo pistas sobre las heridas históricas y las esperanzas de las comunidades de la costa norte peruana.
En el texto, Viaña toma como punto de partida los cuentos reunidos por Luis José Cassaró y recuerda episodios donde el aleteo de un dragón anuncia justicia para los explotados; esas narraciones, ubicadas en lugares como Chepén y Chiclayo, mezclan memoria local y ficción para nombrar violencias pasadas y presentes.
El autor rastrea los orígenes de las historias, entre relatos de trabajadores chinos contratados en el siglo XIX y antiguas leyendas andinas sobre el amaru y muestra cómo el símbolo del dragón sirve tanto para relatar humillaciones como para imaginar una venganza redentora que restituya dignidad a los desposeídos.
Viaña también conecta esas fábulas con otros relatos del acervo cultural peruano para señalar que la figura del ser alado aparece en muchas tradiciones como fuerza transformadora y justiciera.
Al repasar cómo estas historias se transmiten en plazas, ferias del libro y colecciones recientes, el columnista sugiere que los “dragones” no son solo recursos literarios: funcionan como metáforas vivas de miedos, deseos y conflictos que continúan configurando la vida pública en las ciudades portuarias y en el campo.
En su cierre, sostiene que el regreso de los dragones al norte no es una moda pasajera sino una señal de que la región reclama un lugar en la imaginación nacional; invita a leer la literatura regional como una herramienta para comprender tensiones de poder, memoria histórica y las aspiraciones de futuro de pueblos que siguen contando sus propias historias.
Fecha: 14/05/2026
Fuente: La República
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