Alguna mente imaginativa deslizó que en Torre Torre los lugareños avistaron caminando al mismísimo diablo con sus huestes malignas. Otros, en cambio, señalan que la zona es el lecho del dios tutelar del valle del Mantaro, el Wallallo Karhuancho.
No es un invento, es parte de una publicación hecha en Correo en enero de 1997, década en la que se publicó cuatro artículos relacionados a las formaciones arcillosas que están emplazadas en la ladera del cerro más próximo a la ciudad. Pero bien, incorporar leyendas o mitos a sitios donde la naturaleza ha dado su toque artístico o alucinante, le suma unos puntos a su atractivo, tal como ocurre con Machu Picchu, la ciudadela que se resiste a revelar todos sus enigmas.

Volvamos a Torre Torre. Alguna otra literatura que circula en honor a su existencia refiere que en esas faldas donde hay una superficie accidentada y frágil, danzan los dioses y los espíritus. También se dice que aquí es donde las personas pueden tocar el arcoíris y encontrar sus ollas de oro.
Otros relatos que enriquecen nuestras tradiciones, dan cuenta que las formaciones han sido escogidas por Catalina Wanka para esconder su tan preciado tesoro. Lo hizo para evitar que los codiciosos echen mano de sus riquezas.
Las formaciones geológicas de Torre Torre son una inmejorable fuente natural que alberga información importante sobre la evolución del valle del Mantaro. Cada torreón de arcilla que se mantiene en pie, de hecho, es un depósito de señales geológicas que hablan del clima de hace miles de años hasta hoy. Los asentamientos y viviendas de su zona de influencia están poniendo en peligro este atractivo. También el desplazamiento denso e indiscriminado de personas que visitan el lugar. Sobre esta suerte de fortificaciones naturales hay pocos estudios científicos. Cada capa sedimentaria que se observa en las torres sobrevivientes es una fuente reveladora del pasado. No es difícil dar con el origen de estas esculturas totémicas. La lluvia, el viento, el sol y otros factores naturales concibieron a este heredero imponente. A ello se suma la fragilidad del terreno que se hace moldeable a cualquier variable. Muchos, atrevidos ellos, las comparan con el Cañón del Colorado en Estados Unidos. Geológicamente Los Andes se erigieron entre 20 y 40 millones de años atrás. En el caso particular de Torre Torre, los miles de años transcurridos contribuyeron en su formación.

Un teleférico
En 1999, Oscar Pérez Cabrera y William Pérez Picón, son
dos ingenieros que presentaron ante el alcalde de Huancayo de entonces, Dimas Aliaga, un proyecto para instalar un teleférico que cruce por los cielos de Torre Torre, teniendo como ruta las alturas de Ocopilla hasta descender al noreste de Huancayo. De haberse hecho realidad, el turista o usuario de la infraestructura hubiera quedado maravillado con la dimensión de las formaciones arcillosas y la magnitud del valle del Mantaro y la urbe. Lamentablemente la idea quedó en teoría.

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