
Por: Max Rodríguez
Familiarizada desde muy pequeña con pinturas, mechones de cabello y láminas metálicas, materiales fundamentales de las caretas; Belizabeth Cámac Elescano, natural del distrito de Huaripampa; no sabía que lo que sus padres hacían era tan relevante para toda una cultura, incluso apoyándolos en la fabricación de caretas confiesa que no tenía nociones de lo que era la Tunantada.

“Desde muy niña también le hemos apoyado en lavar las caretas, tejer el cabello para ponerle a la careta de dama que lleva rulitos, todo eso le hemos apoyado”, nos relata el hermano de doña Belizabeth.
En la actualidad comprende que el legado que ha dejado su padre, Wilfredo Cámac, como pionero en el arte tunantero de las caretas, es inmenso. Pues solo ella y su hermano Jesús lo han mantenido a flote. Aún recuerda que cuando ella construía una carrera en el magisterio, como docente, y al fallecer su progenitor, ella le brindó apoyo, junto a su hermano Jesús Cámac, a su madre Laura Elescano, quien tomó la batuta del arte.

Sus otros hermanos tomaron caminos diversos, ni que decir de sus sobrinos, pues gran parte de ellos está en el extranjero, “cuando hay interés de lo que vamos a hacer, se puede tomar el trabajo así, seguido, […] pero hacerlo paulatino, o cuando uno quiere… no, estos trabajos de artesanía hay que hacerlos muy constante. Todos los días.” Comenta Belizabeth con cierto pesar, ya que en la actualidad “yo trabajo con mi hermano y mis hijas”, acota.

En el proceso de creación de las caretas, Belizabeth junto a su hermano, han definido dos procesos. El hormado de las caretas, a cargo de Jesús, y el diseño del rostro, a cargo de ella. “El trabajo mío es el pintado de los ojos, darle la forma de los labios, de la nariz, lunares, detalles”.
Pese a contar con 40 años dedicándose a este arte, tiene la humildad de comentar que aún no ha alcanzado la maestría que tuvo su padre: “Mi padre pintaba también. De repente las manos de mi padre yo no lo puedo tener, pero trato de asemejar el trabajo de él. […] a mi papá, le gustaba hacer el trabajo bien hecho, con mucho acabado, con el trabajo muy refinado”.

Para Belizabeth, ser cultora de estas manifestaciones, complementando el vestuario de los danzantes de Chonguinada y Tunantada, es un acontecimiento que la llena de emoción y satisfacción. Por otra parte, comprende que toda carrera tiene un principio y un fin.
“Uno cumple con el ciclo de trabajo o de vida y así como mi padre tuvo su vida de trabajo de artesano, habrá un momento, no porque no lo quiero hacer, será porque ya mi ciclo de vida no lo permite de continuar con este trabajo, (pues) requiere bastante destreza, bastante facilidad para el pintado. Cuando yo cumpla mi ciclo de vida ya no podré hacerlo lastimosamente, pero quisiera que continúen, de repente puede seguir el legado con mis hijas, mis nietos, como me gustaría, pero hay que darle bastante entusiasmo, más que todo interés en el trabajo”.

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