
El uso impreciso de términos para referirse a figuras clave de la marinera limeña revela prejuicios lingüísticos e invisibiliza la memoria cultural de la danza.
¿Quiénes son los verdaderos protagonistas detrás de la marinera limeña? ¿Cómo nombramos a quienes hacen posible su expresión? Estas preguntas se colaron en un debate necesario entre estudiosos y seguidores de esta danza emblemática del Perú. Más allá del baile, la discusión apunta a cómo el lenguaje puede ocultar una realidad cultural profundamente enraizada.
La palabra “chalán”, definida tradicionalmente como adiestrador y domador de caballos, surge en la historia de la marinera limeña en un contexto social particular, cuando esta expresión mestiza empezó a transitar desde las zonas populares hacia espacios más amplios de la escena cultural peruana. La famosa canción de Chabuca Granda sobre “José Antonio, el chalán elegante y garboso” documenta ese carácter de figura clave dentro del imaginario del baile y sus concursos en la Pampa de Amancaes en 1927.
Sin embargo, en tiempos recientes ha surgido la costumbre de emplear términos como “ponchero” o “gamonal” de forma coloquial para referirse a los jinetes que acompañan a las parejas. Este uso erróneo, no solo desvirtúa el significado original, sino que invisibiliza la profunda relación entre la marinera, el caballo de paso peruano y la iconografía del chalán como símbolo de destreza, estilo y tradición.
La reflexión sobre este debate lingüístico va más allá de una mera corrección de vocabulario. Invita a repensar cómo hablamos de nuestras expresiones culturales más queridas y cómo esos nombres construyen o desmontan narrativas sobre identidad, pertenencia y memoria. En el fondo, se trata de reconocer y honrar con precisión a quienes contribuyen a que la marinera, más que un baile, siga siendo una forma viva de la cultura peruana.
Fuente: El Comercio / 19/01/2026
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