
Cada 18 de marzo, el Perú celebra al Torito de Pucará, esa pequeña figura de arcilla que, desde lo alto de las casas andinas, protege hogares y mantiene viva una tradición de siglos.
En Puno, sobre los techos de adobe y ichu, hay una pareja de toritos que vigila en silencio. No son toros de verdad, sino pequeñas esculturas de cerámica hechas con las manos hábiles de los artesanos de Pucará, un distrito de la provincia de Melgar. Este 18 de marzo, como cada año desde que se instauró esta fecha, el Perú entero les rinde homenaje en su día nacional.
La historia del Torito de Pucará es la historia de un encuentro; los alfareros de esta zona ya trabajaban la arcilla mucho antes de que llegaran los españoles, hacían huacos y figurillas para sus rituales. Con la llegada de los europeos, el toro, animal desconocido en estos suelos, se incorporó al imaginario andino. Los artesanos lo adoptaron, lo reinterpretaron y le dieron su propio sello.
Hoy, el torito luce esos ojos saltones, esos cuernos curvos y esa expresión seria que lo hacen inconfundible; se elabora con arcilla roja de la zona, se moldea en torno, se cuece en hornos de leña y se pinta con colores vivos hechos de óxidos minerales.
Para las familias del altiplano, es un amuleto poderoso; colocan dos figuras sobre el techo de sus casas, mirando hacia los cuatro puntos cardinales, para proteger el hogar y atraer la fertilidad y la prosperidad. Esta costumbre mezcla creencias ancestrales con la fe cristiana.
Hoy, el Torito de Pucará ya no es solo de Puno, se ha convertido en un símbolo del Perú profundo, presente en ferias artesanales de Lima y en museos del mundo. Celebrar su día es también celebrar a esos artesanos anónimos que, con sus manos, mantienen viva una tradición que nos conecta con lo más hondo de nuestra tierra.
Fecha: 18/03/2026
Fuente: Los Andes
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