
El Día Mundial de la Pizza se conmemora cada 9 de febrero por consenso internacional, con el objetivo de destacar a este plato como uno de los más representativos de la gastronomía global. Su origen se remonta a Nápoles, donde surgió como un alimento sencillo, accesible y destinado principalmente a las clases populares.
Las primeras versiones modernas de la pizza combinaban masa, tomate y queso, ingredientes básicos que dieron forma a una preparación económica y nutritiva. Con el paso del tiempo, este plato local trascendió fronteras gracias a la migración italiana, que llevó sus recetas a América y a otras regiones de Europa. Así, la pizza fue adaptándose a nuevos sabores, productos y estilos, sin perder su esencia original.
Uno de los hitos más emblemáticos de su historia es la creación de la pizza Margherita en 1889, elaborada en honor a la reina Margarita de Saboya. Sus colores —rojo, blanco y verde— fueron asociados a la bandera italiana, reforzando su valor simbólico y consolidando a la pizza como emblema nacional antes de su expansión mundial.
El reconocimiento internacional llegó en 2017, cuando el arte tradicional de los pizzaioli napolitanos fue inscrito como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Este hecho puso en valor no solo el producto final, sino también las técnicas, saberes y gestos transmitidos de generación en generación.
Hoy, la pizza es mucho más que comida rápida: representa una práctica cultural viva, asociada a la convivencia, las celebraciones y la identidad urbana. Su capacidad de adaptación, sin renunciar a su origen, explica por qué sigue siendo un plato universal que une culturas y generaciones.
09/02/2026
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