
Una investigación internacional reveló que el consumo frecuente de edulcorantes como aspartame, sacarina y eritritol estaría asociado con un deterioro cognitivo acelerado.
Un reciente estudio publicado en la revista Neurology encendió las alarmas sobre el consumo de edulcorantes artificiales, ampliamente usados como sustitutos del azúcar en bebidas, postres y productos procesados. Según los investigadores, quienes consumen con frecuencia estas sustancias presentan una disminución más rápida en habilidades cognitivas clave como la memoria, la fluidez verbal y el razonamiento lógico.
El hallazgo es especialmente relevante en países como Perú, donde la tendencia hacia “productos light” y sin azúcar ha crecido exponencialmente en la última década. La investigación analizó datos de más de 12,700 adultos durante varios años, comparando sus hábitos alimenticios con pruebas cognitivas periódicas. Los resultados muestran que el deterioro es hasta 62 % más rápido en quienes consumen grandes cantidades de edulcorantes, lo que equivale a 1.6 años adicionales de envejecimiento cerebral. Este impacto fue más notorio en personas menores de 60 años y en pacientes con diabetes, lo que sugiere que la mediana edad es una etapa crítica para tomar decisiones alimenticias que protejan la salud cerebral futura.
Entre las sustancias identificadas con mayores riesgos están el aspartame, sacarina, acesulfame-K, eritritol, sorbitol y xilitol, todas de uso común en bebidas gaseosas, golosinas y alimentos bajos en calorías. En contraste, la tagatosa, un edulcorante de origen natural, no mostró efectos negativos en el rendimiento cognitivo. Los especialistas consideran que los posibles mecanismos detrás de este fenómeno incluyen la alteración del microbioma intestinal y procesos de neuroinflamación, aunque subrayan que aún no hay pruebas concluyentes de causalidad, sino una asociación que debe estudiarse a mayor profundidad.
Este hallazgo se suma a una serie de debates sobre la seguridad de los edulcorantes. El aspartame, descubierto en 1965 y autorizado en cientos de países, ha sido objeto de controversias durante décadas. Mientras algunos estudios lo relacionan con efectos adversos, organismos como la EFSA y la FDA lo han considerado seguro en cantidades moderadas. Sin embargo, el nuevo enfoque en su vínculo con la salud cerebral reabre la discusión y pone en la mesa la necesidad de revisar sus niveles de consumo en la población mundial. En paralelo, investigaciones recientes en Estados Unidos advirtieron que la sucralosa podría dañar el ADN en células intestinales, lo que añade más motivos de cautela.
En el Perú, donde las tasas de consumo de bebidas azucaradas son altas y las campañas contra la obesidad impulsan cada vez más el uso de edulcorantes en alimentos industrializados, estos resultados abren un debate clave para la salud pública. Nutricionistas locales recomiendan priorizar opciones naturales como la miel, la chancaca o incluso la tagatosa, además de reforzar una dieta basada en frutas frescas y alimentos mínimamente procesados. Como resume uno de los investigadores del estudio: “No se trata solo de endulzar menos, sino de pensar qué estamos usando para endulzar y cómo eso impacta en nuestro cerebro con el paso de los años”. Si bien los edulcorantes ofrecen una alternativa al azúcar en la lucha contra la obesidad y la diabetes, la evidencia emergente sugiere que su consumo no está exento de riesgos. El reto ahora es equilibrar las políticas de salud y los hábitos alimenticios con nuevas investigaciones que permitan diseñar estrategias más seguras para el futuro.
Fuente: RPP / 10/09/2025
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