
Figura clave del simbolismo peruano, José María Eguren combinó poesía, pintura y fotografía en una obra única. A 84 años de su muerte, su legado sigue siendo el umbral de la poesía moderna del Perú.
José María Eguren en 1911 publicó “Simbólicas”, su primer libro de poemas, considerado el inicio de la poesía contemporánea peruana; influido por autores como Baudelaire y Poe, creó atmósferas irreales con imágenes sensoriales y musicales, desligadas por completo de la realidad cotidiana.
Su segundo poemario, la canción de las figuras, consolidó su prestigio en Perú, Europa y Estados Unidos, según reseñas de la época. Posteriormente, editó Sombras y Rondinelas, y compiló Poesías en 1929, por todo ello, críticos como José Carlos Mariátegui lo definieron como un representante de la «poesía pura», libre de ideologías o costumbrismo.
Eguren también cultivó la pintura, participando en la Exposición Nacional, ganando elogios de Teófilo Castillo por sus paisajes limeños auténticos y únicos; sus óleos evocaban cielos y campiñas con un toque onírico, influido por su infancia en haciendas como Chuquitanta, rodeado de naturaleza.
En 1923, en pleno auge de técnicas para retratar la cotidianidad, él construyó una cámara fotográfica miniatura de apenas dos centímetros, para lograr capturar imágenes nítidas, las cuales se preservan hoy en la Biblioteca Nacional del Perú.
Aunque murió el 19 de abril de 1942, dejó tras de sí un puente esencial entre el modernismo y la vanguardia. Con sus obras integrales entre poemas, lienzos y fotografías, influyó profundamente en poetas como César Vallejo, gracias a su exploración pionera de la esencia humana desde múltiples artes, consolidando su legado como una figura indispensable en la historia cultural.
Fecha: 20/04/2026
Fuentes: El comercio
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