
La lengua andina que tiene sus variaciones en tres países de América Latina.
Este idioma ancestral lleva el nombre de la misma comunidad que lo habla y está distribuida a lo largo de la cordillera de los Andes desde hace 10.000 años, en la actualidad más de dos millones de personas en Bolivia, Chile y Perú, pese a la gran cantidad de hablantes la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la ciencia y la cultura (Unesco) declara que es una lengua en peligro de extinción. Es así que se han ido haciendo esfuerzos para la preservación, sin embargo expertos manifiestan pesimismo sobre este tema en concreto. “Si hoy el niño no habla aymara, mañana será un joven quien no la hablará. Solo los que hablamos envejeceremos con nuestra lengua» declaró Roger Gonzalo, profesor de lenguas andinas en la Pontificia Universidad Católica del Perú.
La historia del pueblo aymara se extiende por más de 10.000 años, con raíces profundamente ligadas a la veneración de la Pachamama o Madre Tierra. Su desarrollo alcanzó un punto culminante con la civilización de Tiwanaku, que prosperó entre 1580 a.C. y 1172 d.C., dejando una huella cultural y arquitectónica que aún asombra en el altiplano andino. Desde las alturas del sur de Perú hasta el norte de Chile y Argentina, y llegando a las selvas bolivianas, los aymaras moldearon una red de intercambio y creencias que, con la llegada del Tahuantinsuyo entre 1470 y 1535, fue refinada por los incas, quienes potenciaron su organización social, su religiosidad y sus sistemas productivos. La irrupción española en el siglo XVI transformó de forma irreversible esta herencia, dando lugar a un sincretismo cultural que todavía se percibe en las costumbres y lenguas vivas de la región.
El idioma aymara, lejos de ser una sola lengua, constituye una familia lingüística que en la actualidad se conserva en dos variantes principales: el jaqaru, hablado por apenas unas 700 personas en la sierra de Lima, y el aymara sureño, presente en amplias zonas del sur andino. Es un idioma aglutinante, capaz de formar palabras extensas que condensan significados complejos, añadiendo prefijos, sufijos e infijos a una raíz. Esta estructura lo diferencia radicalmente del español, ya que en una sola palabra puede incluir información sobre tiempo, género, número y sujeto. Además, el aymara presenta reglas únicas, como la ausencia de vocales consecutivas y la posición final del núcleo de la oración, rasgos que lo emparentan con lenguas como el japonés o el turco.
Hoy, el aymara sigue siendo un pilar de identidad para millones de personas en Bolivia, Perú y Chile, aunque su preservación enfrenta desafíos. La tradición oral ha sido su principal medio de transmisión, lo que dificulta la documentación formal de su gramática y vocabulario. Desde la década de 1960, lingüistas e investigadores trabajan contra el tiempo para registrar sus saberes antes de que se pierdan, reconociendo que en cada palabra, en cada narración y en cada ritual, se guarda no solo un idioma, sino una visión del mundo que ha sobrevivido milenios y que sigue latiendo en el corazón del altiplano.
Fuente: BBC / 08/08/2025
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