
175 países negocian un acuerdo histórico para frenar la contaminación plástica, mientras crecen las tensiones entre productores y defensores de una transformación sistémica.
La crisis del plástico ha dejado de ser una preocupación ambiental para convertirse en un desafío global urgente. En Ginebra, desde el 5 de agosto, delegaciones de 175 países se reúnen en Suiza con el objetivo de concretar un tratado internacional que regule todo el ciclo de vida del plástico desde su diseño y producción hasta su eliminación. La cita, que se extenderá por diez días, podría marcar un antes y un después en la lucha contra uno de los contaminantes de mayor persistencia del planeta, pero las negociaciones también implican desacuerdos.
El proceso, iniciado en 2022 bajo el liderazgo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), enfrenta ahora su fase decisiva. “La urgencia es real”, advirtió Luis Vayas Valdivieso, presidente del comité negociador y embajador de Ecuador en Reino Unido. “La contaminación por plásticos está dañando los ecosistemas, afectando la salud humana y atacando con fuerza a los más vulnerables ”.
Las cifras respaldan la urgencia, entre 19 y 23 millones de toneladas de residuos plásticos son vertidos cada año en ecosistemas marinos, y se estima que esa cifra podría aumentar un 50 % para 2040 si no se toman las medidas respectivas. Pero las negociaciones también implican desacuerdos. Mientras algunos países, especialmente los productores de petróleo, insisten en enfocarse en el reciclaje, otros exigen limitar la producción desde la raíz. “No saldremos de esta crisis solo con reciclaje. Necesitamos una transformación sistémica hacia una economía circular”, afirmó Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA.
La presión también viene desde los territorios más expuestos. Angelique Pouponneau, negociadora por los pequeños Estados insulares, fue tajante: “Es la última oportunidad del mundo para lograrlo y hacerlo bien. Sería una tragedia si no cumplimos con nuestro mandato”.
Si el tratado se concreta exitosamente, no solo se establecerán obligaciones legales para los países, sino que también movilizarán recursos, tecnología y cooperación internacional para enfrentar una crisis que ya se encuentra en nuestros océanos, comida y, según estudios recientes, también en nuestros cuerpos.
Fuente: Infobae / 07/08/2025
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