
La familia Ovalle ha transformado la maduración del queso en cueva; trabajados de forma artesanal, encuentran en el clima y la roca un aliado para desarrollar una identidad propia, distinta y muy ligada a los Andes.
La quesería familiar Di O’Valle, en Marcahuasi, Abancay, convirtió la maduración en cueva en una propuesta que une tradición, técnica y territorio; sus quesos, afinados con paciencia en una cava de piedra, han despertado interés por su carácter artesanal y por la manera en que reinterpretan saberes lácteos con sello andino.
En ese entorno altoandino, la familia Ovalle trabaja con leche de ganaderos de la zona y con un proceso cuidadoso que no apura los tiempos, la cueva ayuda a controlar la humedad y la temperatura, lo que permite que cada pieza evolucione de forma lenta, con supervisión constante, hasta alcanzar el punto justo de maduración.
El proyecto nació como una búsqueda de calidad y terminó consolidándose como una historia de oficio familiar, a partir de esa experiencia, Di O’Valle desarrolló quesos propios inspirados en técnicas europeas, pero bautizados con nombres ligados a su geografía y su memoria local, como Kerap, Marcaw y Wakansay, lo que refuerza el vínculo entre producto y origen.
Lo que distingue a estos quesos no es solo su sabor, sino el relato que los acompaña; cada pieza resume horas de trabajo, cuidados diarios y una apuesta por mantener vivo un conocimiento que suele transmitirse entre generaciones, ahora adaptado a una producción pequeña pero muy especializada.
Fecha: 22/05/2026
Fuente: El comercio
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