
A 100 años de su nacimiento, celebramos al hombre que quiso llevar la esencia del Perú hasta la Luna.
La versatilidad artística define a los grandes creadores de nuestro país, quienes no se limitaron a un solo formato. Jorge Eduardo Eielson fue uno de ellos; aunque destacó como poeta, fue también un artista plástico desafiante. No quiso quedarse atrapado entre versos, sino que exploró con éxito la escultura, la pintura y la fotografía para expresar un universo que no conocía fronteras.
Nacido el 13 de abril de 1924, nutrió su creatividad con la cultura universal y los saberes ancestrales del Perú. Tras ganar el Premio Nacional de Poesía a los 24 años, viajó a Europa para exponer junto a los grandes del arte moderno. En ese escenario internacional, su obra empezó a brillar por su capacidad de innovar sin perder la esencia de sus raíces.
Durante su estancia en el extranjero, etapa que llamó su autoexilio, su obra dialogó profundamente con el pasado precolombino, centrándose en el simbolismo de los quipus. Eielson veía en los nudos una forma de entender la existencia. Su visión era tan avanzada que incluso propuso a la NASA un proyecto para llevar una de sus esculturas a la Luna, uniendo el ingenio peruano con el cosmos.
Por este legado, Eielson es una figura clave en nuestra historia. Hoy, la Casa de la Literatura Peruana conmemora su vida con la exposición “Todavía mi nombre es Jorge”. En ella se explora su innovadora poesía visual y su famoso trabajo con nudos, invitándonos a redescubrir a un artista que demostró que el talento peruano puede alcanzar, literalmente, las estrellas.
Fecha: 13/04/26
Fuente: PUCP.
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