
Que los niños disfruten el leer un libro, viene acompañado de crear momentos especiales para ellos.
Desde muy pequeños, los niños asocian la lectura con el cariño y la cercanía familiar cuando vivimos la rutina lectora en momentos como antes de dormir, combinando cuentos, risas y abrazos. La psicóloga infantojuvenil María Fernández Gómez destaca que cuando leer se convierte en una actividad divertida y compartida, no impuesta, los beneficios abarcan desde una mejor concentración y memoria hasta una mayor creatividad e imaginación.
Lo importante es no presionar ni convertir el libro en un deber. Si leer se impone como una obligación o se asocia con castigos, el niño puede abandonar esa costumbre. En cambio, si recibe apoyo, elogios y acompañamiento, la lectura fluye de manera natural como un momento agradable de conexión, no como una tarea más.
Y obviamente, el ejemplo importa. Si los papás, mamás o adultos cercanos leen con frecuencia —aunque sea un periódico o una receta—, los niños comprenderán que leer es algo valioso, cotidiano y placentero. Esa actitud transmite que abrir un libro es abrir una puerta hacia algo valioso, compartido y propio.
Además, permitir que los pequeños elijan qué leer refuerza su autonomía y entusiasmo. Desde cómics hasta cuentos ilustrados o novelas cortas, cada niño conecta con un tipo de historia diferente, y esa libertad se convierte en el primer paso para que, con el tiempo, descubran la lectura como un refugio personal, un medio para aprender y una forma de conocerse mejor.
Fuente: El País / 22/08/2025
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