
Tras casi un siglo de ausencia, una réplica de las naves ancestrales costeras volvió a desafiar con éxito las corrientes del Pacífico norte, esta expedición no solo recuperó técnicas de construcción milenarias, sino que demostró la capacidad de maniobrar esas embarcaciones incluso contra el viento.
La tarde del domingo 29 de junio marcó un hito para la cultura marítima peruana con el arribo de una imponente balsa oceánica a la caleta de Cabo Blanco, en Talara; la embarcación es una réplica fiel de las naves prehispánicas que los pueblos del norte utilizaron por última vez hace casi cien años.
Todo esto fue gracias al proyecto Andanía que nació hace seis años, impulsado por los documentalistas Daniela Laínez y Marco Carpio, con el fin artístico de trasladar restos óseos de ballena a la isla Lobos de Tierra; al colaborar estrechamente con pescadores locales, el equipo descubrió que la clave para lograr este objetivo estaba en recuperar los saberes ancestrales de los navegantes norteños.

Para la edificación de la estructura, los investigadores localizaron a un poblador de 95 años, el último testigo vivo que navegó en estas balsas durante su juventud, fue bajo su experta guía, que la nave fue construida desde cero en el estuario de Virrilá, midiendo finalmente doce metros de largo por ocho de ancho.
A bordo de este navío viajaron nueve personas en total, incluyendo a los dos directores y a siete experimentados pescadores de Sechura, estos hombres de mar representaron a los legítimos herederos de un conocimiento ancestral que asombró a los primeros navegantes europeos durante el siglo XVI.
El cierre definitivo de esta gran aventura cultural y científica quedará plasmado en un largometraje documental programado para estrenarse a finales de este año 2026, con la intención de mostrar que la cultura aún sigue viva en cada uno de nosotros.
Fecha: 30/06/2026
Fuente: La República
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