
El intento de proteger legalmente un diseño popular abre discusión sobre los límites de la originalidad y el uso cultural compartido de figuras reconocidas.
El Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) denegó la solicitud de registro de un disfraz de capibara, argumentando que el diseño “no contaba con originalidad”. La propuesta buscaba obtener protección oficial como obra, pero fue considerada una representación común de un animal ampliamente difundido en productos y expresiones culturales.
La decisión pone en evidencia los criterios que rigen la propiedad intelectual en el país: para que un diseño sea registrado debe demostrar elementos creativos propios y diferenciadores, más allá de reproducir una figura ya popularizada. En este caso, el capibara —convertido en ícono cultural y comercial en disfraces, peluches y campañas— no podía ser monopolizado por una sola empresa.
El rechazo también abre un debate sobre la relación entre cultura popular y derechos de autor. Mientras las empresas buscan proteger sus productos para asegurar exclusividad en el mercado, las autoridades recuerdan que símbolos compartidos requieren un nivel de innovación adicional para ser considerados obras originales.
La resolución limita la posibilidad de apropiarse de la imagen del capibara, permitiendo que distintos actores sigan utilizándola en el comercio. Para especialistas en propiedad intelectual, el caso es un ejemplo de cómo la popularidad no equivale a originalidad, y de la importancia de mantener un equilibrio entre creatividad, mercado y patrimonio cultural.
Fuente: Infobae
02/02/2026
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