Texto y fotos: Roberto López
Según numerosos estudios, por aquellos tiempos, hace aproximadamente unos 3500 años, la expansión de la gran cultura Chavín habría llegado hasta la Sierra Oriental, y con evidencia arqueológica de su influencia en las diversas zonas del Valle del Mantaro. Las últimas investigaciones han encontrado importantes testimonios de la presencia de la cultura Chavín en Ataura (Jauja) y en San Blas, distrito de Ondores, Junín, hacia el año 1300 a. C. En este periodo aparecerían los primeros brotes de cerámicas en la sierra central de estilo chavinoide y se inició lo que se denomina el horizonte temprano.

Posteriormente, la presencia de la cultura Paracas que floreció entre los años 700 a.C. y 200 d.C., fue una de las culturas sudamericanas que practicó las deformaciones craneanas, también habría tenido incidencia en la cultura wanka sobre esta costumbre. Los intercambios comerciales y culturales entre los paracas y wankas, se dio con bastante fluidez a tal punto que habría recibido el conocimiento del aplanamiento y alargamiento de cráneos que se se producía mediante el vendaje de dos placas a ambos lados de la cabeza.
Los estudios realizados señalan que las deformaciones craneanas fueron realizadas por la nobleza, donde los niños eran sometidos a esta práctica a muy temprana edad, debido a que los huesos del cráneo todavía estaban en formación.
La sacerdotisa lunar wanka
Los hallazgos de esta práctica revelan que la cultura del hanan wanka (shirones y shumash) que habrían ocupado territorios de Sicaya, Vicso y Aco habrían adoptado de la cultura Paracas sus habilidades de deformaciones craneanas por lo cual realizaban las mismas técnicas y procedimientos.


Esto se pudo evidenciar en algunos descubrimientos realizados en cavernas, que en la actualidad fueron encontrados cráneos en mal estado, deteriorados por actividades agrícolas y de antenas de telefonía.
Se escribe en la historia que, durante el apogeo de la cultura wanka esta práctica estaba reserva a la nobleza, como símbolo de distinción de su estatus, como señal de belleza, sabiduría, hasta de capacidades telepáticas. De ello, encontramos una pieza museística, en buen estado, donde aún se puede observar cómo este el cráneo lleva su respectivo “maskaypacha”, que pertenecería al territorio del hanan wanka e incluso muestra ese alargamiento en la parte superior del cráneo.
La osamenta se trataría de una dama gobernadora y por las evidencias arqueológicas se podría afirmar que fue de una sacerdotisa de luna, por las características, como llevar una planta en la cabeza y plumas de aves de selva, de color azul turquesa que es el simbolismo del color del halo lunar en luna llena.
Sin duda los vestigios actuales siguen develando el velo que cubre los misterios de la nación wanka y que deberían ser preservados para quedar como herencia y enseñarnos lo que alguna vez fueron nuestros antepasados y su respeto a la naturaleza y el cosmos.

Dato: Para conocer más sobre la ancestral cultura wanka puedes visitar el centro cultural Praderas Wanka en el Centro Poblado ubicado en el distrito de Orcotuna, Provincia de Concepción, en la región de Junín.
1.- Cráneo hallado, representaría a una sacerdotisa wanka
2.- Gráfico digital que representaría a la sacerdotisa wanka
3.- Escenificación de actividades de una sacerdotisa wanka
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