
La escena final de «Luces de la ciudad», de Charlie Chaplin, cumple 95 años siendo considerada el mejor cierre de la historia del cine.
Cuando el Vagabundo y la florista se reencuentran al final de Luces de la ciudad, no hacen falta palabras. Ella, que ha recuperado la vista, no reconoce al hombre que tanto la ayudó hasta que toma su mano; en ese instante, sus miradas se cruzan con ternura y la pantalla se funde a negro, así el cine alcanzaba, sin quererlo, uno de sus momentos más perfectos.
Estrenada el 30 de enero de 1931, esta película muda de Charlie Chaplin demostró que el sonido no era necesario para emocionar. De hecho, Chaplin insistió en mantenerla así a pesar de que Hollywood ya había abrazado el cine sonoro dos años antes. Sabía que su Vagabundo pertenecía al silencio y la apuesta le salió bien, la cinta recaudó tres veces su millonario presupuesto y se convirtió en un clásico instantáneo.
Pero lo que realmente la ha mantenido viva durante casi un siglo es esa escena final; para rodarla, Chaplin hizo múltiples tomas buscando la intensidad justa sin exageraciones.
La crítica ha elogiado por décadas la economía narrativa de la secuencia ya que en pocos segundos sin diálogos Chaplin transmite gratitud, amor, esperanza y también una pizca de incertidumbre. Directores como Stanley Kubrick o Woody Allen han reconocido su influencia, y películas tan distintas como Manhattan o Monsters, Inc. le han rendido homenaje.
Aquí en Perú, Luces de la ciudad sigue proyectándose en festivales de cine mudo, su historia de sacrificio y reencuentro resuena con nuestras propias narrativas andinas, donde la comunidad y el esfuerzo compartido también tienen finales que se quedan en la memoria.
Fecha: 19/03/2026
Fuente: BBC Noticias
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