
A 211 años de su fusilamiento en Umachiri, el poeta y prócer arequipeño sigue siendo puente entre la lucha independentista y el alma musical de los Andes.
Un 12 de marzo de 1815, en la pampa de Umachiri en Puno, la memoria peruana se partió en dos; moría fusilado Mariano Melgar Valdivieso, pero nacía uno de los símbolos de la revolución emancipadora.
Tenía apenas 24 años cuando el ejército patriota al mando de Mateo Pumacahua y los hermanos Angulo había sido derrotado en la batalla de Umachiri, fue entonces cuando Melgar, quien servía como auditor de guerra, cayó prisionero.
Ramírez, brigadier de la milicia, ordenó su ejecución sin titubeos. Sin embargo, aquella muerte selló su lugar en la historia. Se convirtió en el poeta que dio la vida por la libertad, y que, al negarse a ser vendado, profetizó que la independencia llegaría en una década. El tiempo le daría la razón, pues en 1821, San Martín ya proclamaba la independencia del Perú.
Melgar no fue solo un combatiente; fue también un artista que supo insuflar aliento nuevo a una forma musical ancestral. Nacido en Arequipa en 1790, estudió en el Convictorio de San Carlos en Lima y en el Seminario de San Jerónimo, donde forjó su espíritu crítico y su sensibilidad literaria. Su gran aporte fue revitalizar el yaraví, aquel canto quechua cargado de lamento y nostalgia, adaptándolo al castellano mediante versos endecasílabos y heptasílabos.
Composiciones como «Al partir» o el «Yaraví a su muerte» capturan no sólo la melancolía indígena, sino también el presentimiento de un nuevo tiempo. Su legado perdura en antologías escolares, en la tradición oral quechua y en la certeza de que, como él mismo escribió, «el amor y la patria» pueden caber en un mismo corazón.
Fecha: 12/03/2026
Fuente: Infobae
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