
El consumo de recursos naturales en la generación de imágenes por IA genera dudas sobre su sostenibilidad.
La tendencia en redes sociales de transformar fotos al estilo del icónico Studio Ghibli ha cautivado a millones de usuarios, quienes se sumergen en la magia de este famoso estudio japonés para reimaginar sus recuerdos. Sin embargo, esta moda digital, que involucra herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT, DALL·E y Midjourney, plantea un serio desafío ambiental: el alto consumo de recursos naturales, especialmente agua.
La generación de imágenes mediante IA requiere una infraestructura tecnológica que, en gran medida, depende del uso de sistemas de refrigeración de servidores. Estos sistemas consumen grandes cantidades de agua, que es evaporada por torres de enfriamiento para absorber el calor generado por los equipos. Según estimaciones, herramientas como ChatGPT requieren alrededor de 500 ml de agua por cada 5 a 50 interacciones, lo que refleja la magnitud del consumo en procesos computacionales.
Estudios recientes indican que la inteligencia artificial podría consumir entre 4,2 y 6,6 mil millones de metros cúbicos de agua para 2027, superando el consumo anual de países como Dinamarca. Empresas como Microsoft, Google y Meta han incrementado su consumo de agua debido a la creciente demanda de la IA. Greenpeace resalta que la refrigeración de los centros de datos es responsable de hasta el 80% del agua evaporada, lo que subraya la presión sobre los recursos hídricos.
La producción de imágenes de alta calidad, como las generadas por DALL·E o Midjourney, es especialmente intensiva en recursos, ya que involucra procesos más complejos que generar solo texto, como en el caso de ChatGPT. Expertos como María Prado y Álvaro Peña alertan sobre la falta de transparencia de las grandes tecnológicas, que no informan completamente sobre el consumo real de estos recursos.
Ante este panorama, se hace urgente que tanto empresas como usuarios tomen conciencia del impacto ambiental de la inteligencia artificial. Se propone la adopción de prácticas más sostenibles, como el desarrollo de algoritmos eficientes y el uso de energías renovables. Microsoft, por ejemplo, ya trabaja para ser “positiva en agua” para 2030. Sin embargo, expertos como Peña advierten que la responsabilidad es compartida y temen que se necesite una crisis visible para impulsar medidas concretas.
Fuente: El Comercio / 10/04/2025
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