
El cacao de Satipo ha salido de la selva peruana para ganar premios internacionales y conquistar el mercado global. Conoce cómo esta región está llevando el cacao nativo a la vanguardia de la alta chocolatería.
El cacao, ese delicioso manjar que se transforma en chocolate, tiene su origen en las montañas de Junín, Perú, donde Satipo, en el corazón de la selva central, se ha convertido en un centro clave para la producción de cacao fino de aroma. Este cacao es apreciado no solo por su sabor y aroma únicos, sino también por su valor cultural y biocomercial. Recorrer las fincas de cacao en Satipo es una experiencia sensorial que te permite conocer de cerca cómo se cultiva, cosecha y transforma este grano en lo que muchos consideran el mejor chocolate del mundo. Al final del recorrido, una cata te llevará a descubrir sabores frutales y una intensidad tan auténtica que te hará replantearte todo lo que sabías sobre el chocolate.

Lo que hace tan especial al cacao de Satipo es que no es solo un cultivo, sino una tradición ancestral. Las comunidades locales, como los Asháninka, han cultivado este cacao durante generaciones, creando una conexión profunda con la tierra. A lo largo de los años, este cacao nativo ha ganado relevancia, destacándose por su sabor excepcional y su aroma incomparable. En los últimos años, la región ha apostado por el cacao nativo como una alternativa más sostenible frente a los cultivos de coca, convirtiéndose en una joya biocomercial que ha colocado a Satipo en el mapa del cacao de alta calidad.
La calidad del cacao de Satipo ha sido reconocida internacionalmente, obteniendo premios y siendo apreciada en todo el mundo. Cuando en Lima el cielo se cubre de nubes grises, Satipo disfruta de un clima perfecto para el cultivo de cacao, con tierras fértiles que producen granos excepcionales. Esta región ha logrado un equilibrio entre la tradición y la innovación, lo que ha permitido que sus granos sean apreciados por los chocolateros de alta gama y las marcas más exclusivas.
En Satipo, los productores se enfrentan a un dilema: conservar el cacao nativo, con su sabor y aroma únicos, o optar por variedades híbridas como el CCN-51, que ofrecen mayores rendimientos y resistencia. A pesar de que los híbridos son más rentables, el cacao nativo sigue siendo el favorito de los chocolateros gourmet, que lo prefieren por su capacidad para crear chocolates de calidad superior. Este cacao nativo representa el 68% de la producción en la región, un testimonio de su importancia y valor.
Uno de los lugares más destacados en la producción de cacao de Satipo es la Cooperativa San Juan Valle Cheni, en el distrito de Río Negro. Aquí se cultivan más de 50 variedades de cacao, algunas aún por investigar, y otras que ya han ganado premios internacionales. La cooperativa, que agrupa a 42 productores, combina el cacao nativo con variedades híbridas, lo que resulta en una cosecha variada y de alta calidad. Entre ellas se encuentra el Vraem 99, un cacao híbrido que ha ganado medallas en Francia y Ámsterdam, lo que demuestra la excelencia del cacao de Satipo en el mundo.
Satipo es, sin lugar a dudas, un verdadero paraíso para el cacao. Este grano no solo es un cultivo vital para las comunidades locales, sino también un tesoro de la naturaleza que ha sido perfeccionado a lo largo de los siglos. Las tierras de la selva central de Perú, con su biodiversidad y condiciones ideales para el cultivo, siguen siendo el hogar de un cacao que hoy se ha consolidado como uno de los mejores del mundo. Así que, la próxima vez que disfrutes de un delicioso trozo de chocolate, recuerda que su origen podría estar en las montañas de Satipo, donde el cacao no es solo un producto, sino una tradición que se transmite de generación en generación, convirtiéndose en un verdadero manjar de los dioses.
Fuente: Revista Rumbos_25/01/2025
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