
Trabajar en lo que nos apasiona es una bendición. A sus 36 años, el ilustrador peruano es uno de los artistas que dan vida a los personajes de las historietas de la afamada DC Comics. Es considerado uno de los talentos más relevantes en el mundo.
Diego recuerda su infancia en la casa de sus abuelos, en La Victoria, donde su familia unida salía adelante sorteando dificultades. Pese a su corta edad, dibujaba sin imaginar que ese pasatiempo luego se convertiría en una fuente de ingreso, reconocimiento y sustento.
“Soy un artista autodidacta, no he pasado por ninguna escuela, pero desde muy niño tuve interés en ello. Mis papás me cuentan que mi hermano me enseñó a los 2 años a hacer mis primeros trazos. No me fijaba en los juguetes para mí, el dibujar lo era todo”, nos cuenta.
“Recuerdo que veía la televisión y dibujaba todo lo que veía. Desde el día hasta la noche dibujando. Salía Dragon Ball y yo tomaba el personaje y les creaba sus propias historias. Hasta ahora tengo ilustraciones con tramas alternativas creadas por mí”, explica.
A los 7 años recibió su primer cómic comprado por su padre; “me obsesioné bastante, lo observaba al detalle. Inconscientemente, lo veía como algo a lo que yo quisiera dedicarme”. Años más tarde se sumergió en el mundo de la publicidad.
“Me la pasaba dibujando en la carpeta, en la parte detrás de los cuadernos. Y en algún momento mis papás me dijeron que tenía que poner atención a los cursos; aunque yo sabía que lo mío era esto”, confiesa.
“Mis papás eran de bajos recursos; hemos tenido el apoyo de mis abuelos, y cuando terminé el colegio, pues no había sacado mis certificados, por lo que era complicado postular a la universidad”, recuerda.
“Decidí prepararme en las academias hasta que un amigo me avisa de unas clases de animación digital y dibujo en 3D. Ahí no se necesitas certificados y ellos lograron matricularme. Así fue que empecé”. Ahí conocería a profesionales ligados al mundo de la publicidad que lo contrataron para sus primeros trabajos al ver las caricaturas que a modo de juego les hacía a sus compañeros.
“Comencé a trabajar para tener un almuerzo como pago y así fui escalando hasta la dirección de arte, hasta las producciones de largometrajes que eran un poco frustrantes para mí”, explica Diego. Estas ganas de dedicarse a su pasión es que lo lleva a entender que “las personas no llegaban a comprender mi visión a la hora de ilustrar, de diseñar”.
El mundo Marvel
Por consejo de su hermana regresa a sus orígenes artísticos y retoma la ilustración de cómics. Fue el inicio de una nueva etapa en su vida.
Así comenzó a armar su portafolio sin saber qué pasaría con su vida y su destino profesional. “Comencé a dibujar y a subirlo a unas plataformas donde los seguidores de este arte comienzan a viralizar mi trabajo junto con el de reconocidos ilustradores profesionales. Eso fue mágico porque al poco tiempo me escribió un cazatalento de Marvel”.
Al comienzo pensó que no era real, pero al leer el mensaje se dio cuenta de que sí. La misiva decía “nos interesa comenzar a hacer pruebas contigo a ver si podemos trabajar. Así me enviaron un guion de X-Men, el cual lo tenía que leer y dibujar según mi propia visión. Luego me mandaron Star Lord, pero de ahí quedó incierto todo. Y aunque no se sabía qué pasaría, yo estaba convencido de que iba a entrar en ese mundo”.
“Renuncié a mi trabajo y pasó un mes y medio, cuando el día de mi cumpleaños, en el 2016, llegó la propuesta de parte del editor de Marvel para proponerme que haga un especial y así comenzó todo”.
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