
La escritora peruana dedicó su obra a desenterrar las raíces andinas y, en sus últimos versos, hizo del dolor una guía para abrazar nuestra memoria ancestral.
Cuando vivía en España, un científico le preguntó algo que en América Latina muchos sienten preparado para responder sin dudar: “¿Y ustedes, qué sienten con eso de la Conquista?” Teresa Orbegoso prefirió responder con poesía. En Mestiza (2013), retrató una mestiza anónima, mujer plebeya sin herencia, hija de una violencia colonial, cuya voz limitada ilumina un legado deformado; esa protagonista murmuraba: “He perdido mi lengua / Voy por el desierto buscándola… ¿Quién ha puesto esta raíz en mi boca?”, mostrando el precio silencioso que cargamos como herencia cultural.
Su poesía y su vida siempre buscaron reconstruir esa memoria colonizada, pero fue el cáncer quien se convirtió en su maestro final. En su obra Comas (2024), desde un hospital público y atravesada por la enfermedad, Teresa convierte el cáncer en un catalizador creativo. “Todos quieren apagar su voz, pero la verdad, es que tenemos que obligarnos a escucharlo”, escribió, transformando el dolor en impulso para recuperar no solo su propia voz, sino la voz de quienes fueron silenciadas.
Orbegoso no sólo fue poeta —fue obrera de la escritura—, gestora cultural, curadora y fundadora de la revista La Primera Vértebra. Su obra, que incluye títulos como Yana Wayra, Perú, Abro el miedo o Yuyachkani, es también un acto comunitario: poesía como resistencia, memoria, historia y canto quechua. Su legado, impulsado por la fuerza de quien estuvo hasta el último aliento, es una invitación urgente a leer nuestras raíces y tejer las nuevas Américas desde lo ancestral.
Fuente: El País / 2028/2025
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