
Ozzy Osbourne, quien falleció a los 76 años, no solo marcó una era: la redefinió. Fue el rostro y la voz de Black Sabbath, una banda que cinceló las bases del heavy metal con guitarras oscuras y letras que sonaban a pesadilla. Ozzy, con su mirada perdida y su voz ululante, se convirtió en leyenda mucho antes de dejar la banda por su adicción al caos, las drogas y el alcohol. Pero su historia no terminó ahí: con una carrera solista que lo catapultó de nuevo a la cima, demostró que su talento era tan imparable como su historia de excesos.
Nacido en un barrio obrero de Birmingham, Inglaterra, Ozzy creció en medio de limitaciones y trastornos que hoy se llamarían TDAH y dislexia. Fue expulsado de la escuela, trabajó en un matadero, robó una tienda y terminó en la cárcel. Pero lo salvó la música: escuchó a los Beatles en la radio y supo, con certeza absoluta, que ese era su camino. Así comenzó una trayectoria musical que lo llevó de Earth a Black Sabbath, y de ahí al olimpo del rock. La canción «Black Sabbath», inspirada en una película de terror, sería el inicio de todo: música de miedo para un mundo que estaba por cambiar.
Pero la oscuridad nunca estuvo solo en las letras: sus adicciones, sus escándalos y hasta sus episodios criminales (como morder la cabeza de un murciélago en vivo) lo volvieron una figura tan temida como adorada. Así, su esposa Sharon fue su salvavidas y su roca: lo rescató del abismo una y otra vez, y juntos construyeron un nuevo capítulo de fama con “The Osbournes”, el reality que mostró el lado más humano y disfuncional del ídolo. Entre recaídas, accidentes y giras, Ozzy siguió brillando, incluso cuando el Parkinson y una caída agravaron su estado de salud.
Ozzy se despidió de los escenarios en Villa Park, como debía ser: entre guitarras, homenajes y rugidos. Sentado, pero con la mirada de siempre, agradeció la vida loca que le tocó vivir. Y así se va: dejando una herencia inmortal en la música, en la cultura popular y en cada adolescente que alguna vez gritó contra el sistema con una camiseta negra y un riff de Sabbath de fondo. Ozzy no fue perfecto, pero fue único. Un mito viviente que, incluso al morir, sigue gritando: I am Iron Man.
Fuente: BBC / 25/07/2025
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