
El escritor y antropólogo andahuaylino estudió en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y escribió novelas importantes, como Yawar fiesta (1941), Los ríos profundos (1958), El Sexto (1961), Todas las sangres (1964) y El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971), además de estudios etnológicos y antropológicos, como Kanto kechwa (1938), Mitos y leyendas y cuentos peruanos (1947), Dioses y Hombres de Huarochirí (1966), entre otros.
Los ríos profundos, tercera novela del autor peruano y publicada por primera vez en la Editorial Losada de Buenos Aires, ganador del Premio Nacional de Fomento de la Cultura Ricardo Palma (1959) y finalista en Estados Unidos del Premio William Faulkner (1963), curiosamente fue escrita en el pueblo de Apata, “La perla escondida del valle del Mantaro”.

El distrito de Apata se ubica en la margen izquierda del valle del Mantaro y pertenece a la provincia de Jauja, a una distancia de 16 km al sur de su ciudad, y a 37 km de la provincia de Huancayo. Fue creado como municipio el 2 de enero de 1857 y como distrito el 16 de noviembre de 1864. Según el antropólogo e historiador Hernán Ponce Sánchez, afirma que Julio C. Tello había dejado unos escritos donde este decía que venía de Ayapata y que etimológicamente significa: Aya como “muerto” y Pata como “cerro”. Es decir, un “cerro con forma de muerto”, donde se ubican las ruinas de Huamanhuaca.
El origen de Apata se remonta a los tiempos pre-incaicos y a la confederación Hurín Huanca o sector de abajo. Este pueblo es uno de los más antiguos del valle del Mantaro y su fundación se remonta a 1572. También tuvo una activa participación en la guerra con Chile, en la que muchos apatinos pelearon junto a Andrés Avelino Cáceres.

Invitado por el historiador Augusto García Cuadrado, José María Arguedas llegó a Apata en 1954 con el propósito de hacer un estudio para el Instituto de Estudios Tecnológicos del Ministerio de Educación, y se hospedó en la casa de la familia Ponce Martínez. Fue, entonces, que conoció a la joven Vilma Catalina Ponce Martínez y con quien tuvo una aventura sentimental, pues, decía Arguedas, que le hacía recordar a una de sus compañeras del colegio, causándole una impresión muy grande. Y a raíz de ese enamoramiento, empezó a escribir literatura de nuevo, redactando durante cuatro y cinco meses Los ríos profundos.

Vilma Ponce y el escritor indigenista salían frecuentemente a caminar; sobre todo, por las ruinas de Huamanhuaca, cerca de la plaza principal. Luego, con la partida de Arguedas en 1955, la pareja mantendría una comunicación epistolar de 49 cartas escritas de puño y letra por José María. Aunque estas cartas recién saldrían a la luz en la década de los 90, cuando Vilma Victoria Arguedas Ponce se dio a conocer públicamente como hija consanguínea del consagrado novelista e intelectual. Así, este hecho, a pesar de la incredulidad y escepticismo de muchos, alteró las nociones que se tenían sobre la personalidad única y compleja del autor de Todas las sangres hasta ese momento.
Gracias tu mensaje ha sido enviado.
Te contacteremos a la brevedad posible.
Déjanos tus datos y nosotros te contactaremos. Los campos son obligatorios.