
El famoso cuentacuentos, narrador de ‘Un mundo para Julius’, murió en Lima a los 87 años dejando un legado de ironía, ternura y mirada crítica sobre la burguesía peruana.
Este martes 10 de marzo de 2026, la literatura peruana se vistió de luto, Alfredo Bryce Echenique el escritor que supo narrar como nadie las contradicciones de la clase alta limeña desde la mirada inocente de un niño, falleció en Lima a los 87 años. Nacido el 19 de febrero de 1939 en el seno de una familia de banqueros con linaje político, descendientes de José Rufino expresidente del Perú, Bryce optó por el exilio voluntario durante 34 años, residiendo principalmente en Madrid hasta su retorno definitivo en 1999. Su obra, atravesada por un humor irónico muy característico y una nostalgia punzante, lo convirtió en una figura central del post-boom latinoamericano, ese movimiento que, a diferencia del boom de los sesenta, apostó por el intimismo y la exploración de las capas medias y altas de la sociedad sin abandonar la crítica social.
Debutó a inicios de 1970 con Un mundo para Julius, una novela que se volvería un emblema de toda una época. A lo largo de sus páginas, la alta sociedad limeña quedó retratada con sus hipocresías y afectaciones diarias, pero todo ello descrito a través de los ojos tiernos y desconcertados de un niño; la obra mereció el Premio Nacional de Novela en Perú y el Premio Carta de Plata en España, y desde entonces no dejó de escribir.
Luego vendrían títulos memorables como La vida exagerada de Martín Romaña (1981), La última mudanza de Felipe Carrillo (1988), No me esperen en abril (1995) y Reo de nocturnidad (1997), además de cuentos y ensayos como Permiso para vivir (1993) donde su estilo, caracterizado por frases largas que fluyen con naturalidad y diálogos que atrapan, supo capturar como pocos las contradicciones culturales de una Lima que se debatía entre la tradición y la modernidad.
Bryce era, incluso en estos últimos años, el último superviviente de una generación dorada de narradores peruanos que incluyó a Julio Ramón Ribeyro y, por supuesto, a Mario Vargas Llosa. Aunque ya se ha marchado, dejando miles de corazones lectores partidos, todos sabemos que el niño que mira el mundo con asombro sigue vivo en cada una de sus páginas.
Fecha: 11/03/2026
Fuente: Infobae
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