
El Perú enfrenta la devaluación de sus cultivos clave y una profunda metamorfosis en su biodiversidad pesquera.
De acuerdo con la Comisión Multisectorial del ENFEN y datos del SENAMHI, la estacionalidad determina su impacto, si las anomalías térmicas persisten entre diciembre y abril, se desencadenarán lluvias extremas, desbordes e inundaciones en la costa norte, mientras que en la sierra sur y en el Altiplano habrá un agudo déficit de lluvias que golpeará la ganadería andina.
Las anomalías térmicas impactan severamente el corazón del campo y la agroexportación en el norte del país pues altera el ciclo de vida de los cultivos por sus temperaturas extremas en las mañanas y noches frías.
Dejando pérdidas económicas críticas en producciones de exportación como la palta, los arándanos, el mango y el limón.
El Instituto del Mar del Perú reporta que el incremento de la temperatura altera drásticamente la cadena trófica, forzando a la anchoveta a profundizar sus cardúmenes en busca de aguas frías.
La ausencia temporal de especies de agua fría abre las puertas a la aparición de fauna tropical, abasteciendo a pescadores artesanales temporalmente de pericos, conchas de abanico y otras especies de aguas cálidas.
Para hacer frente a El Niño es necesaria la implementación de estrategias de prevención y resiliencia. Gracias al monitoreo satelital de agencias científicas, se cuentan con herramientas predictivas.
El desafío del país consiste en canalizar esta información técnica para diseñar asentamientos humanos alejados de los cauces de ríos y quebradas, proteger los patrimonios productivos y trazar planes económicos capaces de convivir y adaptarse a los cambios climáticos.
Revista Rumbos
12/08/2026
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