
Una conversación extensa con un escritor que ha transitado por la piel de diversos géneros literarios, desde la poesía hasta la narrativa de cuentos y novelas. Su creatividad lo ha llevado, asimismo, a pisar otras áreas del arte como la música, el teatro, la edición de libros y la actuación. En su búsqueda por la belleza formal en la poesía, halló valores humanos muy intensos que, con los años, lo condujeron de Lima a Huancayo, donde realiza la mayor parte de su obra.
Eres un escritor con una producción extensa y consolidada que, además, ha pisado el terreno de la poesía y el cuento, de ahí que quiero preguntarte si te consideras un poeta que escribe narrativa o un narrador con producción en poesía.
Soy poeta desde que empecé. Podría decir que empecé leyendo narrativa, como todos. La poesía llegó a mí un año después de que aprendí a leer muy pequeño. En la biblioteca de mi padre había libros clásicos. Aprendí a leer con ellos. Leí a los ocho años a Henry James, a Shakespeare, la Ilíada en verso. ¿Cómo es qué esto rima y se parece a las canciones?, comencé a preguntarme. De ahí comencé a poetizar mi narrativa. Por entonces lo que más me había cautivado era la ciencia ficción y otros géneros, Julio Verne, Emilio Salgari o Walter Scott. No es que me crea culto, sino que eran esas las lecturas que estaban a mi disposición, no había otra cosa. En mi casa había mucha cultura. Recuerdo mucho una cosa, en una ocasión interrumpí a mi padre en una reunión, preguntándole por qué los barcos flotan. Él le dijo a sus colegas: “Discúlpenme un momento, mi hijo me ha hecho una pregunta”. Luego se acercó a mí y me dijo “cuando no sabemos algo, vamos a la biblioteca”. Había una cultura de leer y percibir el mundo a través del conocimiento. Por otra parte, yo empecé a imitar a mis primos que ya estaban en la universidad. Yo les preguntaba qué escribían, qué sabían, qué leían. Me impresionó lo que hacían. Entonces, dije: “Quiero ser escritor”.
Hoy hay una sobresaturación de la información en el Internet. Sin embargo, falta esa costumbre de imitar lo bueno.
Exacto. Lo peor, ahora imitan a los tik tokers. Leer a uno lo cambia. Uno habla mejor, se expresa mejor.
¿Y cuándo vino esa consciencia de querer dedicarte a la literatura? A los ocho yo ya era escritor. Bueno, es una forma de decirlo. Sucede que mis tías al ver a una sobrina decían “esta va a ser enfermera”. A un sobrino le decían “este va a ser abogado”. A mí me dijeron: “Ah, este va a ser escritor, porque siempre para leyendo”. Yo siempre pedía libros de regalo. Parte de los familiares que viajaban al extranjero me traían libros de Colombia, de Cuba, de otros países.
¿Y, posteriormente, cómo te involucraste en la actuación y en la película Julianna del grupo Chaski?
Creo que tuve suerte. Desde muy niño me llevaban al teatro, a la ópera, al cine, a exposiciones de pintura. Mi padre tenía recursos económicos. En el colegio, era distinto. Incluso antes de acabar pensaba en que todas las personas consumían cultura. Con el tiempo me di cuenta de que no todos le dan la misma importancia a la formación humana más allá de lo profesional. A los cuatro años tuve mi primer papel en el teatro. Actué del muerto de Masa, de César Vallejo. Yo sabía el poema completo. Más tarde a los ocho años actué de Zezé, de Mi planta de naranja lima, de José Mauro de Vasconcelos. Desde el escenario veía cómo la gente reía y lloraba. Alguien que me vio por ahí tenía nexos con Chaski. Así llegué a actuar del Loco en Juliana a los doce años.
De vuelta a lo literario, ¿ya escribías en esa época?
¡Claro! Y, con los años, todo lo que escribí y publiqué se lo dediqué a mi madre y a mi hija. Pero debo decir que por un tiempo, al menos al inicio, no creía en las formalidades. Me iba bien, sin embargo, en cuanto a los reconocimientos literarios que iba adquiriendo. El problema es que no quería publicar. Rompía los diplomas o los quemaba. Es algo, por supuesto, de lo que me arrepiento ahora.
Me imagino que no hiciste lo mismo con tus poemas escritos en esa época.
No, con eso no. Yo guardaba mis poemas. Por ello, mi primer libro salió en 1998, y fue La tempestad dormida. Fue lo que escribí desde los dieciséis hasta los veinte años. Por ese tiempo calculé que podía publicar a un ritmo de un libro cada dos años. Tuve un plan, y me fue bien. Cuando salió ese primer libro, se decía que en el Perú no se leía. Estaba por el puesto 124 de la prueba PISA. Ahora se ha bajado un poco. Y si se leía poco, menos se leía poesía. Sin embargo, comencé a vivir de La tempestad dormida sin querer. En un morral llevaba cinco o más ejemplares y los vendía todos. En cada evento vendía así más de diez libros. En medio año vendí más de un millar.
Datos
– Pueden adquirir el libro a través de la Librería El Tábano Sucio escribiendo al WhatsApp 914574241.
– Para leer la entrevista completa ir a: https:// elhabladorprofano. blogspot.com/2023/04/ la-esencia-del-arte-es-lapoesia.html
Gracias tu mensaje ha sido enviado.
Te contacteremos a la brevedad posible.
Déjanos tus datos y nosotros te contactaremos. Los campos son obligatorios.