
El poeta y escritor valenciano Josep Piera falleció a los 78 años, dejando un legado literario único. Su obra, que explora la memoria colectiva y la lengua catalana, despide a uno de sus grandes herederos.
En el silencio de La Drova, ese rincón de Barx que él llamaba su «lugar en el mundo» Josep Piera forjó versos que olían a olivo y mar Mediterráneo; instalado allí desde 1974, transformó sus largas estancias en Grecia, Italia y Marruecos en narraciones autobiográficas cargadas de paisaje y memoria.
No era solo un poeta, sino también traductor de poesía árabe andalusí y de la italiana moderna, fundador de revistas literarias y director de colecciones editoriales siempre con el pulso de quien une tradición y viaje; de esta forma su pluma capturaba la esencia valenciana, desde biografías de figuras como Ausiàs March hasta homenajes a San Francisco de Borja, elevando así lo local a lo universal.
Piera se formó en magisterio en València, donde se unió a la Generación de los 70, un grupo que revitalizó la literatura en lengua valenciana durante la Transición, su obra poética y narrativa exploraba la introspección personal entrelazada con el entorno rural y marítimo, rechazando lo ornamental por un lenguaje directo y evocador.
El Ayuntamiento de Gandia lamentó su pérdida, describiéndolo como una de las voces más destacadas de la literatura valenciana contemporánea, con la premiación Creu de Sant Jordi y el título de Hijo Predilecto; aunque nacido en Beniopa hace 78 años, Piera deja un vacío profundo en la poesía mediterránea, pero sus palabras siguen resonando en antologías y en los paisajes que un día inspiraron su mirada.
Fecha: 07/04/2026
Fuente: El País
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