
Desde pequeño admiré esta ciudad, impulsada por el esfuerzo y pujanza de sus habitantes; donde en cada calle conocí una serie de negocios, grandes o pequeños y, si visitaba alrededor de los mercados, veía con fascinación a los comerciantes, algunos ataviados con su ropa tradicional de algún pueblo cerca o alejado de esta ciudad.
Através de los años aprendí, que esta ciudad tiene una historia muy amplia y variada que muchos historiadores y escritores lo resumen como, en el caso de José María Arguedas en su libro “Todas las sangres”, “Somos un país de todas las sangres”. Mi ciudad se caracteriza por eso, ya que con el tiempo hasta hoy acoge a muchos, propios y extraños que hacen de esta localidad su hogar y su esperanza de sacar adelante a sus familias, negocios y vidas; se llenan de orgullo al pertenecer a esta ciudad, que podría parecerse a cualquier otra del Perú, pero Huancayo tiene una mística especial.
Era el año de 1460 cuando el Inca Pachacutec Inga, ordenó la construcción del Qhapaq Ñan o gran camino Real del Inca, el cual unía Cusco con Quito pasando por diversas ciudades como Hatun Xauxa y con ramales que llegaban de Este a Oeste y de Norte a Sur. El trazo de este camino hoy llamado Calle Real cruzaba esta planicie, hoy ciudad de Huancayo, donde los incas conservaron con respeto una piedra sagrada para los wankas, esta se ubicada en un sitio denominado “parada del halcón” o Huamanmarca, hoy reconocido parque en pleno centro de nuestra ciudad.
A unos centenares de metros al norte, a un costado del río Shullkas construyeron un tradicional tambo el cual era un paso obligado para todos los que viajaban de sur a norte o viceversa y que era resguardado por un chasqui o el mensajero real de los incas. Actualmente estaría ubicado cerca o al costado del colegio Salesiano, esta construcción se fue perdiendo al pasar los años, pero del cual hoy solo el distrito lleva su nombre “El Tambo”.
Una información muy interesante descrita por el pacificador Pedro de la Gasca en 1549, 15 años después de la Fundación de Jauja, y en un breve descanso de su viaje de Jauja a Huamanga, escribe en sus crónicas “Descripción del Perú 1551 – 1553”, los parajes de su viaje, pero no habla nada de Huancayo, porque no existía más que un lugar de paso y descanso.
Ya en 1571, un 5 de enero el virrey Francisco de Toledo envió un informe solicitando una real provisión al Rey Felipe II, para la construcción de un monasterio en el lugar del tambo de Guancayo, para los 56 habitantes entre “indios” y religiosos quienes comenzaron habitar, cuyo oficio de algunos era la herrería y agricultura; toda vez que, este lugar era una carretera principal de norte a sur del Perú, donde pasaban todo tipo de viajeros desde comerciantes, soldados y arrieros con ganados rumbo a Jauja desde Huanta, siendo una parada obligatoria de descanso para ellos y sus animales.
Esto permitió, a lo que yo llamo, la primera ola de desarrollo de Huancayo, donde los primeros cambios en el espacio urbano de la ciudad, ocurriesen a consecuencia de la exigencia notoria y casi impositiva de la propia dinámica comercial que se intensificó poco a poco en esta ciudad, como un modelo de negocio interregional. Lo que convirtió a este lugar atractivo en un punto de trueque de productos, comida, agua y alimento para animales, entre aquellos locales que deseaban hacer intercambio y los comerciantes que llegaban a descansar.
Ello motivó a las autoridades de turno diferenciar dos espacios, un área comercial y de viviendas; y como resultado, según el historiador Waldemar Espinoza, que en 1572 se instituye por Jerónimo de Silva, la feria oficial de esta ciudad, mediante ordenanzas particulares, ratificadas por el Virrey Francisco de Toledo en 1578. De esa forma, nace la tradicional e histórica Feria de Huancayo, que en sus comienzos se realizaba dos días a la semana, jueves y domingos, siendo más adelante solo los domingos. Lo que obligaba a los habitantes a tener solo un espacio para el comercio, ordenando un poco la ciudad.
Es la razón por la que mencionamos que el gen emprendedor, de vendedor, comerciante y empresario, lo tiene el wanka en su sangre, proviene de su historia, el cual creó una mística, no solo dentro de sus ciudadanos natos de Huancayo, sino de todos aquellos que llegan a esta ciudad, con el sueño de crecer y sacar adelante a sus familias. Huancavelicanos, ayacuchanos, huanuqueños, cerreños, oroinos, japoneses, chinos, entre otros, al llegar a Huancayo y trabajar por otros, tienen el sueño de abrir sus propios negocios y en su posterior generación se convierten con mucho orgullo en wankas emprendedores por naturaleza, y hoy en día encontramos grandes historias y jóvenes empresarios que conquistan no solo su región si no el mundo con su gen de emprendedor wanka, el cual es otra historia que contar.
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