
En el corazón de Sudamérica, el Salar de Uyuni guarda dunas imponentes que evocan paisajes desérticos lejanos. Este «Sahara andino» invita a recorrer arenas blancas salpicadas de sombras largas, donde la geología cuenta historias milenarias.
Ubicado en el suroeste de Bolivia, cerca de Tahua, se encuentran unas crestas de 30 metros de altura que evocan una suerte de Sahara egipcio; este paraje emerge del salar más grande del mundo, un antiguo lago prehistórico que dejó su sal blanca como lienzo para dunas de arena fina.
Los viajeros las recorren en 4×4, deteniéndose en La Piedra del Amor, una formación erosionada que parece desafiar la gravedad, o en pequeñas lagunas esmeralda que rompen la monotonía árida.
Durante la temporada seca, de mayo a noviembre, las dunas adquieren tonos dorados al atardecer, ideales para practicar sandboarding o realizar caminatas guiadas que revelan fósiles marinos incrustados.
Comunidades aimaras como Tahua custodian estos parajes y complementan la experiencia con hospedaje rústico y relatos orales sobre la Pachamama que moldea la tierra. A diferencia del bullicio turístico habitual, esta zona preserva un ritmo pausado, donde el horizonte se funde con el cielo en espejismos naturales.
Para quienes buscan introspección en paisajes extremos, el Sahara de Sudamérica ofrece un lienzo geológico que une lo remoto con lo eterno, aquella escapada de todo y de todos que uno a veces necesita.
Fecha: 04/05/2026
Fuente: La República
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