
Nos dicen los lugareños que, en estas alturas nuestros ancestros solían cubrir sus ventanas con pieles de animales y telares. Tomemos en cuenta que Yanamarca se encuentra a 4,080 m s.n.m. en la cima del cerro Pichanaloma donde las corrientes de aire suelen ser violentas y el clima bastante variante.
Yanamarca viene del quechua que significa “Pueblo negro”, dado que se encuentra en la cima de la montaña donde el contraste con la luz del sol y el cielo despejado o nublado, hace que a la distancia estos restos arqueológicos se vean oscuros, de ahí surgiría dicho nombre.

A sólo 15 minutos de la ciudad de Tarma se encuentra el pueblito de Tupín, desde el cual se suele empezar la caminata para los amantes del trekking; ahora, el ascenso a Yanamarca requiere de mucha resistencia física, por tal motivo, otra opción es llegar en automóvil o camioneta, subiendo por las laderas en zigzag, pasando por los pueblitos de Irabamba, Huacachacra hasta llegar a Buenos Aires, desde donde la caminata a Yanamarca se reduce a 10 minutos. Transportarnos con movilidad nos permite llegar con fuerzas y disfrutar más de la exploración en el centro arqueológico, donde podremos encontrar murallas, colcas, tambos, estructuras de hasta tres pisos con hermosas y bien conservadas ventanas; también podremos apreciar amplios balcones y terrazas y, sobretodo, una vista panorámica de todo el valle de Acobamba-Picoy desde un enorme abismo… ¡impresionante!
Desde Yanamarca también podremos apreciar el valle de Tarma, la cumbre del nevado Yuracmayo, los enormes picos que nos indican donde se encuentra la famosa Laguna de Cocón y hasta Ticlio; esto nos confirma que Yanamarca servía como puesto de vigilancia y fortaleza pre inca.
El descenso al valle de Picoy lo hicimos por la quebrada conocida como “La garganta del diablo”; el trayecto es algo complicado pero el entorno es hermoso; el clima es muchísimo más templado que en la cima y podremos apreciar una amplia diversidad de aves y flores silvestres, es mágico; poco antes de llegar a la carretera pasamos por un pequeño centro arqueológico llamado Pishgamarca (cinco pueblos en español). El esfuerzo que nos ahorramos subiendo con movilidad a Yanamarca lo pagamos en el descenso, llegamos a la carreta con las piernas temblorosas.
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