
Una mañana de fines de junio, en un despacho de Huancayo, fue motivo para una larga conversación con el escritor y director de cine Wari Gálvez Rivas. Hablamos de cine, literatura, entre otras cosas, ahondando en el perfil de un personaje que augura un futuro prometedor.
Si bien estudiaste arquitectura e hiciste un diplomado en Dirección y Guion de Cine en el Barcelona, y tienes una maestría en Literatura Hispanoamericana en la PUCP, y ahora continúas con un doctorado también en literatura en Alemania, ¿por qué tu predilección por el campo literario?
La pregunta y la respuesta son muy amplias. Creo que cada rama se vincula con la otra. Por ejemplo, en la arquitectura encuentro la literatura, y en la literatura la arquitectura, y ambas materias también se relacionan con la cinematografía, ya sea porque, a medida que uno representa la realidad, sobre todo en el género narrativo, nosotros situamos nuestras historias en espacios urbanos o zonas rurales. Hay márgenes de espacialidad, donde las personas se movilizan.
¿Por qué elegiste el género narrativo?
El género narrativo me atrae más que el género poético, sin soslayar la importancia literaria de este último. La narrativa es una herramienta muy útil para representar muchos aspectos de la condición humana, como los sentimientos, las neurosis, las crisis existenciales y los trajinares por diversos lugares y espacios.
¿Cuáles son tus referentes en este campo?
Empecé leyendo al Boom latinoamericano, como muchos, a Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, y también a los que no entraron al Boom, como Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Cabrera Infante, y otros. Sin embargo, trato de alejarme de la literatura peruana y latinoamericana, porque siento que son referentes muy cercanos y queridos. Algo así también pensaban en los noventa una generación de escritores, como Alberto Fuguet (Chile), Jorge Volpi (México), pues se cuestionaban si deberíamos continuar siguiendo al Boom o más bien asesinarlo. En el caso de Volpi, él era integrante de la Generación del Crack, que redactó un manifiesto, y quienes planteaban que debería haber una continuidad respecto al Boom, ya que ellos eran nuestros clásicos. Mientras que Fuguet con McOndo, corriente a la que también pertenecía Jaime Bayly, tenían la posición totalmente opuesta, afirmando que el realismo mágico había hecho demasiado daño a Latinoamérica, pues no expresaba la realidad. Al único que rescataban de las generaciones anteriores era a Mario Vargas Llosa, el más urbano de su grupo.
Esa generación postboom estaba muy ligada al lenguaje cinematográfico. Da la coincidencia que tú tienes la experiencia del cine y la literatura. ¿Cómo combinas en tu literatura ambos campos?
Yo aspiro escribir narrativa en sus diversas vertientes, siguiendo modelos clásicos, como las novelas del siglo XIX, porque creo que un Balzac o un Víctor Hugo, si hubieran vivido en el siglo XX, habrían utilizado nuevas formas narrativas, como el cine mismo. Por ende, yo me veo atraído a expresarme mediante el lenguaje cinematográfico. Llevar cosas de la literatura al cine, y cosas del cine a la literatura. Claro que hoy en día ya no es nada novedoso, pero sí interesante si uno se fija en la riqueza en cuanto técnicas, estructuras y superficies narrativas dentro de un texto. El mismo Mario Vargas Llosa, en sus primeras grandes novelas, utilizó varias técnicas cinematográficas.
En tu libro de cuentos Mudanzas temporales noto que está escrito a la manera clásica. ¿Qué pretensiones tenías? ¿Querías ser un tecnicista o tu último fin era solo contar una historia al estilo ribeyriano?
Creo que ambas cosas. Las técnicas cuando son bien manejadas son invisibles y pasan desapercibidas. Mudanzas temporales aparenta ser un libro clásico, pero la técnica está subyacente. Obviamente, no me voy al extremo de ser un tecnicista como William Faulkner. Soy mesurado como Ernest Hemingway o Sherwood Anderson, a quienes admiro, o como F. Scott Fitzgerald o J.D. Salinger. Pero, sí hay cierto clasicismo, eso es innegable. El libro en sí expresa una etapa de mi vida. Épocas en las que estuve viajando de un lugar a otro, llevando una maleta. Me he mudado muchas veces, por temas de estudio a diferentes lugares, de allí el título del libro.
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